Pina Pellicer

Nombre completo:

Josefina Yolanda Pellicer López de Llergo

Lugar de nacimiento:

México, Distrito Federal

Fecha de nacimiento:

3 de abril de 1934

Fecha de fallecimiento:

4 de diciembre de 1964

Comentario
Filmografía
Literatura sobre Pina Pellicer
Pina Pellicer en WWW

Comentario:


“Si no podemos amar viendo que la noche avanza,
celebremos una alianza con ese sueño mentido.
Un día acabará el olvido o acabará la esperanza
.”
Luisa (Pina Pellicer) en Días de otoño (1962)

Cuarenta años de ausencia pueden ser suficientes para olvidar a cualquiera, pero en el caso de Pina Pellicer, las más de cuatro décadas transcurridas desde su trágico deceso no han hecho más que acrecentar su recuerdo. Como si las palabras de Luisa -su enternecedor personaje de Días de otoño- hubiesen conjurado un hechizo de inmortalidad, la presencia de Pina se niega a extinguirse en cada imagen suya registrada por las cámaras.

Razones para olvidarla hubo muchas, la más evidente: su tránsito fugaz por las pantallas. Entre 1958 y 1964, años de su carrera fílmica, el cine mexicano se encontraba en pleno ocaso de su época dorada y las oportunidades para actrices con talento y ambiciones más allá de la popularidad instantánea eran prácticamente nulas. Las estrellas de entonces descollaban principalmente por sus exuberantes atractivos físicos, por lo que la frágil figura de Pina tenía muy poco qué hacer frente a las generosas frondosidades de Ana Bertha Lepe, Ana Luisa Peluffo o Kitty de Hoyos. De ahí que no resulte extraño que haya hecho poco cine y que el poco que hizo -con excepción quizás de Macario (1959)- no haya sido extremadamente popular.

Irónicamente, el que Pina perteneciera a una familia de artistas destacados también pudo haberla condenado a un prematuro olvido. Talentosa y bella, su hermana Pilar se distinguió por méritos propios en una carrera cinematográfica extensa y variada, de la que sobresalen títulos como Los bienamados (1965), Pedro Páramo (1967), La Choca (1973) y Las Poquianchis (1976). Es posible que la semejanza entre sus nombres -Pina era el diminutivo cariñoso de Josefina- contribuyera a generar la confusión que aún persiste entre quienes creen que ambas son la misma persona.

Pero Pina no se ha olvidado; por el contrario, su recuerdo parece agigantarse con el paso de los años. A quienes la conocieron como la “niña prodigio” del teatro mexicano de finales de los años cincuenta, y a quienes tuvieron la oportunidad de apreciar su talento en la pantalla grande, se vienen a agregar los cada vez más numerosos admiradores que la descubren cuando alguna de sus películas se transmite por la televisión o aparece en video. Y gracias a la enorme capacidad de los medios electrónicos para multiplicar la imagen fílmica -y a que durante su breve carrera cinematográfica la actriz tuvo la oportunidad de actuar para el cine de otros países- la figura de Pina Pellicer se ha diseminado por el mundo, en un irónico revés al olvido al que parecía estar condenada.


La voz de una mirada triste
“The whole secret of film acting is in believing what you do
-but telling the story through your eyes.”
Shaw, S. (1979). Brando in the Camera Eye. New York: Exeter Books.

¿Cuál puede ser la razón para que el recuerdo de Pina Pellicer se resista a desaparecer en una cinematografía abundante en presencias olvidadas? Además de su innegable talento, la respuesta podría localizarse en esa inquietante aura de contradicción que emana de cada uno de los personajes que la actriz interpretó en la pantalla. Contradicción que, más allá de lo que algunos han señalado como el reflejo de su tormentosa vida personal, formaba parte de su naturaleza física y se manifestaba en el contraste entre su cuerpo -bajito y delgado, totalmente opuesto al canon estético de la época- y su extraordinaria voz, tan profunda que parecía surgir del fondo de una caverna milenaria.

Una disparidad tan grande resultaba imposible de ignorar y es evidente que influyó en la apreciación de quienes intervinieron en la orientación del rumbo que tomó la carrera de la actriz. Así lo señala Héctor Mendoza, el legendario dramaturgo y director de teatro que brindó a Pina su primera oportunidad en los escenarios:

Una carita hermosa de piel aceitunada, pelo negro, lacio, brillante cortado en fleco y melenita, ojos enormes, expresivos, tristes, se acerca a mí en uno de los primeros ensayos del tercer programa de "Poesía en voz alta", y me dice con una sorprendente voz de contralto, que se muere de ganas de trabajar en el espectáculo que yo comienzo a montar.
Mendoza, H. (1989) "Memoria renuente". En Pantalla. No. 12, México, p. 14.

Tras su debut teatral en 1957, Pina interpretó a Catita, una niña muerta cuya perturbadora presencia se adueñaba del escenario en Un hogar sólido de Elena Garro. Poco después, el contraste entre la infantil tristeza de su rostro y la oscuridad de su voz convenció a la legendaria María Tereza Montoya de haber encontrado a la actriz ideal para encarnar a otra niña de trágico destino en El diario de Anna Frank. La emotividad alcanzada por Pina en este drama contemporáneo sólo sería equiparada por su desgarradora representación de la milenaria Electra de Sófocles.

Semejante trío de poderosas interpretaciones contribuyó a consolidar rápidamente la fama de Pina Pellicer como actriz trágica, al mismo tiempo que enfatizó la asociación entre los atormentados personajes que interpretaba y el profundo sufrimiento en que se debatía su alma, mismo que terminó por empujarla al suicidio en diciembre de 1964.

Pero fue en el cine donde Pina Pellicer desarrolló esa peculiar vulnerabilidad expresiva que se convirtió en su sello distintivo. En el cine, Pina aprendió a actuar con los ojos y a contar historias con la voz de una mirada triste.


Un rostro inolvidable
“You’ve only shamed yourself.”
Louisa (Pina Pellicer) en El rostro impenetrable (One-Eyed Jacks, 1958-61)

Además de breve, la carrera fílmica de Pina Pellicer fue atípica para su tiempo. Cinco películas filmadas en tres países y dos idiomas constituyen el singular corpus cinematográfico de la actriz, cuyo debut ocurrió en Hollywood y no en México como se creyó durante mucho tiempo.

En 1958, los productores de la nueva película de Marlon Brando buscaban en la capital mexicana a una actriz con el dominio del inglés y el talento suficientes para alternar con la estrella de Un tranvía llamado Deseo (1951) sin verse opacada. Basada en la novela La auténtica muerte de Hendry Jones de Charles Naider, la cinta sería un western cuya trama se desarrollaba entre Sonora y California a finales del siglo XIX. Varios de los personajes principales -incluyendo el que interpretaría la actriz- eran de origen mexicano. El director asignado era un joven talentoso llamado Stanley Kubrick. En los países de habla hispana, el título original de la película, One-Eyed Jacks, se transformaría en El rostro impenetrable.

Pina acudió al casting y los representantes de la cinta quedaron encantados con ella. Muy pronto, la joven actriz se integró al elenco que incluía, además de Brando, a Karl Malden y Katy Jurado en los papeles estelares.

En El rostro impenetrable, Pina interpretó a Louisa, una adolescente de origen mexicano que es seducida por Río (Brando), un ladrón de bancos sediento de venganza. Louisa es hija de María (Jurado) e hijastra de Dad Longworth (Malden), antiguo ladrón y compañero de correrías de Río que tras regenerarse se convierte en sheriff de Monterey, California. La seducción de Louisa conduce al enfrentamiento definitivo entre los dos antiguos amigos ya que, aunque no es su hija, Longworth ha criado a la chica como si lo fuera.

Tolerante hacia la integración racial en el suroeste norteamericano, la visión del filme refleja las ideas políticas de su protagonista, quien se hizo cargo de dirigirlo tras una serie de conflictos entre la producción y Kubrick. Esta actitud, combinada con la disposición de Brando a favorecer el lucimiento de sus colegas, permitió que las actuaciones de Pina Pellicer y Katy Jurado trascendieran los estereotipos asignados por el cine de Hollywood a los personajes femeninos de origen mexicano y convirtieran a El rostro impenetrable en uno de los mejores retratos de la mujer mexicana que el cine hollywoodense haya logrado presentar hasta el momento.

El rostro impenetrable contiene varias escenas memorables gracias a la actuación de Pina Pellicer. Una de ellas sucede en la playa, luego de que Louisa descubre que ha sido utilizada por Río como medio para vengarse de Dad Longworth. La dignidad con que la joven asume esta situación -“Sólo has logrado avergonzarte a ti mismo” le dice a Río, cuando éste le pide que no se sienta avergonzada- la evita de caer en la autocompasión y aleja a la escena de los clichés melodramáticos. En otra escena, en la que María increpa a Louisa por haberse entregado a Río, Brando decidió acertadamente que las actrices tenían que interpretarla en español, de acuerdo con el origen mexicano de los personajes. El resultado no podía ser mejor, ya que el duelo de actuaciones entre Pina y Katy Jurado es de primer nivel.

Si bien la crítica estadounidense no se mostró muy favorable hacia la película, El rostro impenetrable fue recibida con bastante entusiasmo en Europa. En 1961, la cinta obtuvo el máximo galardón del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y Pina Pellicer fue nombrada como la mejor actriz en el mismo certamen. Con el paso del tiempo, El rostro impenetrable ha llegado a adquirir el estatus de película de culto entre un gran número de cinéfilos de todo el mundo y la actuación de Pina Pellicer se considera como una de las mejores de su tiempo. Es innegable que durante el rodaje de El rostro impenetrable, Pina supo aprovechar las enseñanzas de su célebre coprotagonista y que aprendió el secreto de “contar la historia a través de la mirada.”


La vida no fue fácil, pero fue bueno vivirla juntos
“Yo entiendo, Macario.
Yo también he querido algo para mí sola.
Para no darle a nadie, ni siquiera ti...”
Mujer de Macario (Pina Pellicer) en Macario (1959)

Poco tiempo después de finalizado el rodaje de El rostro impenetrable, Pina Pellicer se integró al reparto de su primera película mexicana. Una historia fantástica escrita por Bruno Traven, escritor germano-estadounidense avecindado en México, sirvió como argumento para Macario, cinta dirigida por Roberto Gavaldón e interpretada por Ignacio López Tarso, Pina Pellicer y Enrique Lucero en los papeles estelares.

Pina encarnó a la esposa del protagonista, una campesina que roba un guajolote para que su marido pueda cumplir el capricho de comerse uno entero él solo. Aunque la importancia de este personaje era inferior al que había hecho en El rostro impenetrable, la actriz se empeñó en interpretarlo de la mejor manera posible y logró transformarse en una verdadera indígena, medio muerta de hambre, orgullosa ante los ricos y solidaria con su igualmente humilde esposo.

Cuando, tras haber robado el guajolote, la mujer dice a Macario que ella también ha deseado algo que no quisiera compartir con nadie, el hombre se libera del sentimiento de culpa que le ha impedido actuar con egoísmo. A partir de ese momento, la complicidad entre la pareja es total: “Pero vete pronto” -le dice ella- “porque si los niños lo ven van a pedir ¿o no?”

La esposa de Macario es, ante todo, una mujer solidaria con el deseo de su marido que no duda ni se arrepiente del robo que ha cometido. Así lo confirma el bellísimo final de la película, en el que el sereno rostro de Pina se apodera de la pantalla y se ilumina al decir: “Estabas como un niño... con tu capricho. ¡Me alegro tanto! ¡Haberte podido dar ese gusto! La vida no fue fácil Macario, pero fue buena vivirla juntos...”


Por la puerta grande
“La casada entró al cielo por la puerta grande.”
Cristina (Mabel Karr) en Rogelia (1962)

En julio de 1961, Pina viajó a España para estar presente en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en donde se presentaría El rostro impenetrable. Para su sorpresa, el jurado del certamen decidió otorgarle el premio a la mejor interpretación femenina. Además del reconocimiento a su labor, el triunfo le trajo como consecuencia una oferta de trabajo en el cine español. Luego de admirar su actuación en El rostro impenetrable, el director Rafael Gil -quien una década atrás había dirigido a María Félix en tres de las cintas que La Doña filmó en España- le ofreció a Pina el estelar de Rogelia, película basada en una novela del escritor decimonónico Armando Palacio Valdés, acerca de una joven obrera cuyo destino se ve irremediablemente ligado al de su violento marido. Con esta película, la breve pero exitosa carrera fílmica de Pina Pellicer cobraba un nuevo e interesante giro.

En Rogelia, Pina interpretó a una mujer abnegada que respeta el sacramento del matrimonio por encima de la razón y que es capaz de sacrificar su felicidad por la de un hombre que no la merece. A pesar de encontrar en Fernando (Arturo Fernández) a un hombre bueno y noble que la ama y la respeta, Rogelia decide soportar las humillaciones y la violencia de su esposo Máximo (Fernado Rey) con tal de mantenerse fiel a sus principios conservadores. Al final, la oportuna muerte de su marido salva a Rogelia de pasar el resto de sus días alejada de la felicidad.

De la filmografía de Pina Pellicer, Rogelia es quizás la película menos lograda y la que peor ha soportado el paso del tiempo. El conservadurismo extremo promovido por la historia y los motivos que mueven a los personajes son, a la luz del siglo XXI, poco menos que increíbles. Así, en la situación más exagerada de las muchas que se presentan en la cinta, Rogelia termina por renunciar al hijo que ha tenido con Fernando para volver junto a su marido, convirtiendo el abandono de infantes en un asunto de menor importancia frente al adulterio.

A pesar de los esfuerzos de Pina por verse cómoda en medio de una trama tan desorbitada, es evidente que la actriz interpretó a su personaje con disciplina pero indecisa en cuanto al tono adecuado que debía imprimir a su actuación. Y aunque los tormentos por los que pasa Rogelia parecen hacerla sufrir de verdad, la joven no se muestra muy convencida de merecer el improbable final feliz con que termina la historia.

De cualquier manera, y pese a cualquier apreciación negativa que pueda hacerse de la película en la época actual, Rogelia significó un paso importante en la carrera cinematográfica de la actriz, quien demostró que tenía la capacidad de sostener por sí sola el peso de un estelar, como lo comprobaría en su siguiente actuación frente a las cámaras.


Empezaba el otoño...
“Necesito tanto que me quieran.”
Luisa (Pina Pellicer) en Días de otoño (1962)

Luego de su regreso a México, a mediados de 1962, Pina desarrolló algunos proyectos teatrales con desigual fortuna. A finales del mismo año, la productora CLASA Films Mundiales la contrató para interpretar el estelar de Días de otoño, filme en el que sería dirigida de nuevo por Roberto Gavaldón. El equipo de rodaje de Días de otoño era prácticamente el mismo que había realizado Macario, por lo que la filmación le permitiría a la actriz reencontrarse con antiguos compañeros, como el fotógrafo Gabriel Figueroa y el actor Ignacio López Tarso.

El rodaje de Días de otoño dio inicio el 3 de diciembre de 1962 y continuó hasta el 12 de enero de 1963. En ese lapso de poco más de un mes, Pina Pellicer logró bordar a uno de los personajes femeninos más conmovedores e inolvidables de la cinematografía mexicana de todos los tiempos.

Como la otra Louisa que Pina interpretara en El rostro impenetrable, la protagonista de Días de otoño se conduce de manera atípica en el universo de personajes femeninos del cine mexicano. A medio camino entre la inocencia y la locura, la Luisa de Días de otoño se sobrepone a la soledad y el engaño a través de un férreo ejercicio de imaginación, y logra evitar la compasión de quienes la rodean mediante un juego de mentiras que se va complicando hasta alcanzar niveles irracionales.

A pesar de no ser su última aparición en la pantalla, Días de otoño llegaría a convertirse en el testamento fílmico de Pina Pellicer y en la caracterización más recordada de su breve pero intensa carrera frente a las cámaras.


Polvo enamorado
“Polvo soy, mas polvo enamorado.”
Epitafio en la tumba de Pina Pellicer, basado en el poema “Amor constante más allá de la muerte” de Francisco de Quevedo y Villegas (1648)

Entre 1963 y 1964, Pina actuó en El fugitivo y La hora de Alfred Hitchcock, series televisivas estadounidenses, interpretando en ambas a campesinas de origen mexicano. El argumento del capítulo de La hora de Alfred Hitchcock, titulado “The Life Work of Juan Díaz”, fue escrito por el famoso escritor de ciencia-ficción Ray Bradbury y guarda muchas semejanzas con el argumento de Macario.

Además de sus trabajos para la televisión estadounidense, Pina Pellicer participó en algunas producciones del incipiente medio televisivo mexicano. Teleteatros y telenovelas fueron los vehículos escogidos por la actriz para incursionar en la pantalla chica.

Antes de morir, Pina Pellicer apareció por última vez en la pantalla grande en El pecador (1964) melodrama dirigido por Rafael Baledón. En esa película, la actriz alternó con un peculiar reparto integrado por viejas glorias del cine nacional y populares cantantes del momento. Aunque taquillera en su estreno, con el tiempo la cinta ha pasado a formar parte de la extensa filmografía mexicana que se recuerda más por curiosidad que por su valor cinematográfico.

En El pecador, el personaje interpretado por Pina Pellicer era completamente secundario y su interpretación, aunque con algunos matices interesantes, carecía de la fuerza expresiva de sus trabajos en Macario y Días de otoño.

Representativo de la situación que atravesaba la industria del cine mexicano a principios de los años sesenta, el giro cobrado por la carrera fílmica de Pina Pellicer parecía presagiar un inesperado y veloz declive. El estancamiento de la otrora industria dorada había alcanzado su máxima expresión en la desaparición de las antiguas compañías productoras que hicieron del cine una de las industrias más importantes del país.

A finales de 1964, la propia industria responsable de la parálisis en que se hallaba sumergido el cine en México se aprestaba a intentar resucitarlo, organizando un concurso de creación cinematográfica con el que abrirían las puertas del gremio a una nueva generación de realizadores. La convocatoria del certamen -denominado Primer Concurso de Cine Experimental- fue publicada dos meses antes de la muerte de Pina y provocó una de las mayores movilizaciones de talento y creatividad que hayan tenido lugar en el ámbito fílmico de nuestro país.

Es triste que Pina Pellicer no haya podido incorporarse a esa verdadera bocanada de aire fresco que significó el Primer Concurso de Cine Experimental. El director Juan José Gurrola había conversado con ella para que interviniese en alguna de las cintas participantes en la que, con seguridad, su talento habría encontrado nuevas y provocadoras formas de expresión. Es indudable que, de haberlo hecho, la actriz habría tenido una participación destacada y que alguna nueva e interesante cinta se habría agregado a su filmografía.

Irónicamente, este certamen sirvió como plataforma de lanzamiento para Pilar, la hermana de Pina, quien protagonizó Tajimara, mediometraje dirigida por Gurrola que formó parte, junto con otras cuatro cintas de semejante duración, de la antología fílmica titulada Amor, amor, amor (1965).

Asimismo -y aunque el ejercicio de la imaginación no aporte nada sustancial a esta semblanza- es inevitable concluir que, de haber vivido, Pina Pellicer se habría consolidado como una de las actrices más importantes del cine mexicano de la década siguiente. Con su prematura desaparición, el arte de la actuación en México perdió a una figura irremplazable y el cine mexicano se privó de un sinfín de imágenes inolvidables.

Finalmente -dolorosamente- gracias a la magia que posee el cine para aprisionar los sueños y volverlos eternos, los personajes que Pina interpretó con tanta intensidad en la pantalla podrán seguir cautivando a nuevas generaciones de admiradores de su formidable talento. En ese sentido, para el arte y la memoria de Pina Pellicer, nunca acabará la esperanza.

Filmografía y personaje interpretado:

  1. El teatro de Manolo Fábregas [TV] (1964) .... Ana María (episodio "Pacto de medianoche")
  2. El pecador (1964) .... Irma
  3. La dama de corazones [TV] (1964) ....
  4. The Alfred Hitchcock Hour (La hora de Alfred Hitchcock) [TV] (1964) .... María Díaz (episodio "The Life Work of Juan Díaz") (producción estadounidense)
  5. The Fugitive (El fugitivo) [TV] (1963) .... María Álvarez (episodio "Smoke Screen") (producción estadounidense)
  6. Días de otoño (1962) .... Luisa
  7. Rogelia (1962) .... Rogelia (producción española)
  8. Macario (1959) .... esposa de Macario
  9. One-Eyed Jacks (El rostro impenetrable) (1958-1961) .... Louisa (producción estadounidense)

Literatura sobre Pina Pellicer:
PÉREZ Vázquez, Reynol y Ana Pellicer (2006). Pina Pellicer: Luz de tristeza (1934-1964). México: Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Universidad de Nuevo León (UANL) y Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). ISBN: 970-32-3075-X

Pina Pellicer en WWW:
Pina Pellicer. Una vida frágil. En español. Excelente semblanza escrita por Reynol Pérez Vázquez para Revista Cinefagia.
The Internet Movie Database En inglés. Breve biografía y filmografía completa.
TV Tome En inglés. Guía de capítulos de la televisión estadounidense. Incluye una rara fotografía de la actriz.

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