Películas:
Allá en el Rancho Grande (1936)

Directores:
Fernando de Fuentes

Estrellas:
Tito Guízar
Esther Fernández

Cine-fotógrafos:
Gabriel Figueroa

Libros:
La aventura del cine mexicano (1993)
Época de oro del cine mexicano (1997)
Carteles de la época de oro del cine mexicano (1997/2001)
Conversaciones con Gabriel Figueroa (1993)
Historia del cine mexicano (1986)
Historia documental del cine mexicano (1992-1997)
Industria cultural y relaciones internacionales (1989)

UNA abundante producción y un mercado bien establecido son dos factores básicos para que se presente una época de oro en cualquier medio. Nuestra llevada y traída época de oro del cine nacional no es más que la exitosa conjunción de ambos factores.

La producción cinematográfica mexicana había alcanzado en 1939 un alto nivel. De hecho la época de oro comenzó años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, un factor muchas veces citado como causa directa de esta etapa.

Allá en el Rancho Grande (1936) de Fernando de Fuentes, fue el filme que encontró la fórmula comercial capaz de convertir al cine mexicano en una verdadera industria. Era un melodrama ranchero, con una historia semejante a la del filme mudo titulado En la hacienda (1920). La trama, ubicada en una idílica hacienda en una época indefinida, estaba matizada por canciones interpretadas por el galán Tito Guízar.

Un breve análisis del filme apunta a las posibles causas de su éxito nacional e internacional. Primero, aunque el tema es campirano, la época en que se ubica la historia no corresponde a una realidad determinada; la revolución está ausente en todo momento, y los problemas más importantes son de carácter amoroso. Segundo, el prototipo de charro encarnado por Tito Guízar no corresponde en su totalidad al "modelo oficial" del charro mexicano. Guízar, de piel blanca y ojos claros, parece más un bonachón vaquero texano que un charro cantor. Finalmente, la estructura de la historia corresponde más a una comedia norteamericana que a un melodrama mexicano.

Allá en el Rancho Grande (1936) fue la primera cinta mexicana que mereció estreno en los Estados Unidos con subtítulos en inglés, es decir, para público de habla inglesa. También mereció el honor de ser la primera cinta nacional que ganó un premio internacional: el de mejor fotografía, otorgado a Gabriel Figueroa en el Festival de Venecia de 1938. El filme cautivó al público en todos los países de habla hispana, y abrió las puertas a la catarata de filmes que consolidaron la época de oro.

Epoca de Oro

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