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Los placeres
del genio
Decenas de libros
publicados desde los años sesenta diseccionan imagen
por imagen las películas de Buñuel, tratando
de encontrar explicación a la enigmática
personalidad de su director y de localizar las claves para
identificar los "placeres ocultos" del genio.
En "El náufrago de la calle de la Providencia"
-documental realizado por Arturo Ripstein y Rafael Castanedo
en 1971- el cineasta revela uno de esos placeres: el
"buñueloni".
Ante la cámara, Buñuel devela el misterio del
"buñueloni": un coctel preparado con tres medidas de
ginebra, dos de campari y una de cinzano o martini dulce.
Buñuel era muy aficionado a esa bebida, la cual
preparaba a sus invitados en las frecuentes reuniones que
organizaba en su casa de la ciudad de México.
Aunque detestaba los toros y otras aficiones populares
españolas, Buñuel adoraba la comida, la
plática y la bebida. Le gustaban los banquetes
generosos, rociados con excelentes vinos y seguidos por una
sabrosa charla no exenta de discusiones provocadoras. En
pocas palabras, los "placeres ocultos" del genio eran
más bien convencionales aunque, eso sí, muy
sabrosos.
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