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Pocos años antes de celebrar su primer centenario, el cine mexicano resurgió de la crisis más reciente en que se encontraba inmerso. En 1990, el estreno de Rojo amanecer (1989) detonó un renovado interés hacia el cine de producción nacional. En poco tiempo, el cine mexicano logró recuperar a buena parte de su público, produjo cintas de gran éxito crítico y comercial, recuperó al cortometraje como formato de trabajo y, quizás lo más importante, vio surgir a una nueva generación de cineastas, actores, escritores, técnicos y espectadores. Las autoridades cinematográficas trataron de aprovechar esta nueva oleada de interés y etiquetaron como "nuevo cine mexicano" a la producción fílmica mexicana de los primeros años noventa. Aunque repudiado por cineastas y críticos, el optimista apelativo fue adoptado con gusto por los espectadores quienes lo convirtieron en sinónimo de cine mexicano de los noventa. De Rojo amanecer (1989) a Profundo carmesí (1996), los matices del cine mexicano producido ante el umbral de su primer siglo fueron vibrantes y llenos de contrastes. El conjunto demuestra la gran vitalidad de la cinematografía mexicana de años recientes. |
Largometrajes mexicanos de los noventa:
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