Bugambilia (1944)

México Blanco y Negro

Una producción de:

Films Mundiales

Género:

Melodrama romántico

Duración:

100 min.

Sonido:

Monoaural

Dirección:

Emilio Fernández

Asistente de Dirección:

Zacarías Gómez Urquiza

Producción:

Felipe Subervielle; jefe de producción: Armando Espinosa

Guión:

Mauricio Magdaleno y Emilio Fernández, sobre un argumento original de Emilio Fernández

Fotografía:

Gabriel Figueroa; operador de cámara: Domingo Carrillo; alumbrador: Daniel López

Escenografía:

Manuel Fontanals; decorados: Estrella Boissevain

Vestuario:

Louis Royer (como Royer)

Maquillaje:

Ana Guerrero

Edición:

Gloria Schoemann

Efectos Especiales:

Max de Vega

Sonido:

Howard E. Randall; grabación: Jesús González Gancy (diálogo) y Manuel Esperón (música)

Música:

Raúl Lavista, con temas de Schubert, Chopin y Liszt


Reparto:

Dolores del Río

....

Amalia de los Robles

Pedro Armendáriz

....

Ricardo Rojas

Julio Villarreal

....

don Fernando de los Robles

Alberto Galán

....

Luis Felipe

Stella Inda

....

Zarca

Paco Fuentes

....

don Enrique, juez

Arturo Soto Rangel

....

cura

Elva Álvarez

....

Mercedes

Concha Sanz

....

nana Nicanora

Maruja Grifell

....

Matilde, chismosa

Roberto Cañedo

....

Alberto, el poeta

Víctor Velázquez

....

fiscal

Lupe del Castillo

....

Rosenda

José Elías Moreno

....

socio de Ricardo

Hernán Vera

....

cantinero

Armando Velasco

Óscar Ramos

Juan Urbán "Remigio"

Cynthia Boissevain

Sinopsis:
En el Guanajuato de mediados del siglo diecinueve, la belleza y simpatía de la joven heredera Amalia conquistan al humilde capataz Ricardo con resultados funestos. Impedido para consumar su amor, Ricardo se va de Guanajuato adonde vuelve tiempo después convertido en el rico dueño de una mina. A su regreso, el destino le tiene preparado un trágico reencuentro con Amalia.

Comentario:
La repentina muerte del productor Agustín J. Fink precipitó, entre otras cosas, la fusión de Films Mundiales con la también productora CLASA Films. Hipólito Signoret, accionista de ambas empresas, consideró necesario consolidar los recursos económicos y materiales de las dos firmas ante la eventualidad de una escasez del celuloide, materia prima que, hasta el momento, se conseguía con relativa facilidad gracias al apoyo que México había brindado a los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.

La fusión también se hacía necesaria debido a la precaria situación financiera de Films Mundiales. Dos de las últimas producciones de Fink -La guerra de los pasteles de Emilio Gómez Muriel y La corte de Faraón de Julio Bracho- habían sido costosas pero poco redituables. Por si esto no fuera suficiente, los presupuestos que había destinado a Emilio Fernández y su equipo sobrepasaban con creces el millón de pesos.

Con Bugambilia, Fernández parecía estar dispuesto a enfrentar las cada vez más frecuentes e irónicas comparaciones que los periodistas y críticos hacían entre su trabajo y el de Julio Bracho. Como las espectaculares cintas del director de ¡Ay qué tiempos señor don Simón! la nueva película del “Indio” no escatimaba recursos de producción: gran parte del rodaje se llevaría a cabo en los románticos callejones de la ciudad de Guanajuato, mientras que la detallada construcción de interiores había sido confiada a las minuciosas manos del escenógrafo catalán Manuel Fontanals. El vestuario de Dolores sería diseñado, una vez más, por el modisto hollywoodense Royer, responsable de los elegantes modelos lucidos por la estrella en Las abandonadas (1944) .

Si María Candelaria (1943) había sido el regalo de un director enamorado a su estrella, Bugambilia era el tributo fílmico que el hombre rendía a la belleza de la mujer amada. Ninguno de sus filmes anteriores -ni el único que filmarían juntos después de éste- evidencian de manera tan explícita al cineasta extasiado ante la belleza de su protagonista como Bugambilia.

Con todo y el exagerado amor que le profesaba, Fernández sostenía una relación cada vez más tormentosa y violenta con Dolores. El rodaje de Bugambilia se convirtió en una tortura para ambos y para el resto del equipo, quienes tuvieron que soportar los repentinos cambios de humor del realizador y las constantes amenazas de la estrella de abandonar el filme. Cuando la película fue terminada, en enero de 1945, Dolores anunció que jamás volvería a trabajar con el “Indio” Fernández.

Al director lo esperaba un descalabro aún mayor. Tras completar la primera copia de Bugambilia, el equipo se presentó en las oficinas de CLASA Films Mundiales para exhibirla ante el sucesor de Fink. Éste, sin brindarles mayores explicaciones, los corrió al grito de “¡No quiero genios!” En un instante, Fernández, Figueroa, Magdaleno y Armendáriz se habían quedado sin trabajo.

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