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Una producción de: |
Films Mundiales |
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Género: |
Melodrama romántico |
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Duración: |
100 min. |
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Sonido: |
Monoaural |
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Dirección: |
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Asistente de Dirección: |
Zacarías Gómez Urquiza |
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Producción: |
Felipe Subervielle; jefe de producción: Armando Espinosa |
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Guión: |
Mauricio Magdaleno y Emilio Fernández, sobre un argumento original de Emilio Fernández |
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Fotografía: |
Gabriel Figueroa; operador de cámara: Domingo Carrillo; alumbrador: Daniel López |
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Escenografía: |
Manuel Fontanals; decorados: Estrella Boissevain |
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Vestuario: |
Louis Royer (como Royer) |
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Maquillaje: |
Ana Guerrero |
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Edición: |
Gloria Schoemann |
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Efectos Especiales: |
Max de Vega |
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Sonido: |
Howard E. Randall; grabación: Jesús González Gancy (diálogo) y Manuel Esperón (música) |
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Música: |
Raúl Lavista, con temas de Schubert, Chopin y Liszt |
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Amalia de los Robles | |
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Ricardo Rojas | |
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Julio Villarreal |
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don Fernando de los Robles |
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Alberto Galán |
.... |
Luis Felipe |
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Stella Inda |
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Zarca |
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Paco Fuentes |
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don Enrique, juez |
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Arturo Soto Rangel |
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cura |
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Elva Álvarez |
.... |
Mercedes |
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Concha Sanz |
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nana Nicanora |
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Maruja Grifell |
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Matilde, chismosa |
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Alberto, el poeta | |
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Víctor Velázquez |
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fiscal |
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Lupe del Castillo |
.... |
Rosenda |
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José Elías Moreno |
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socio de Ricardo |
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Hernán Vera |
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cantinero |
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Armando Velasco |
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Óscar Ramos |
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Juan Urbán "Remigio" |
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Cynthia Boissevain |
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Sinopsis:
En el Guanajuato de mediados del siglo diecinueve, la
belleza y simpatía de la joven heredera Amalia conquistan al humilde
capataz Ricardo con resultados funestos. Impedido para consumar su amor, Ricardo
se va de Guanajuato adonde vuelve tiempo después convertido en el rico
dueño de una mina. A su regreso, el destino le tiene preparado un trágico
reencuentro con Amalia.
Comentario:
La repentina muerte del productor Agustín J. Fink precipitó, entre
otras cosas, la fusión de Films Mundiales con la también productora
CLASA Films. Hipólito Signoret, accionista de ambas empresas, consideró
necesario consolidar los recursos económicos y materiales de las dos
firmas ante la eventualidad de una escasez del celuloide, materia prima que,
hasta el momento, se conseguía con relativa facilidad gracias al apoyo
que México había brindado a los Estados Unidos durante la Segunda
Guerra Mundial.
La fusión también se hacía necesaria debido a la precaria
situación financiera de Films Mundiales. Dos de las últimas producciones
de Fink -La guerra de los pasteles de Emilio Gómez Muriel y La
corte de Faraón de Julio
Bracho- habían sido costosas pero poco redituables. Por si esto no
fuera suficiente, los presupuestos que había destinado a Emilio Fernández
y su equipo sobrepasaban con creces el millón de pesos.
Con Bugambilia, Fernández parecía estar dispuesto a enfrentar las cada vez más frecuentes e irónicas comparaciones que los periodistas y críticos hacían entre su trabajo y el de Julio Bracho. Como las espectaculares cintas del director de ¡Ay qué tiempos señor don Simón! la nueva película del Indio no escatimaba recursos de producción: gran parte del rodaje se llevaría a cabo en los románticos callejones de la ciudad de Guanajuato, mientras que la detallada construcción de interiores había sido confiada a las minuciosas manos del escenógrafo catalán Manuel Fontanals. El vestuario de Dolores sería diseñado, una vez más, por el modisto hollywoodense Royer, responsable de los elegantes modelos lucidos por la estrella en Las abandonadas (1944) .
Si María Candelaria (1943) había
sido el regalo de un director enamorado a su estrella, Bugambilia
era el tributo fílmico que el hombre rendía a la belleza de la
mujer amada. Ninguno de sus filmes anteriores -ni el
único que filmarían juntos después de éste-
evidencian de manera tan explícita al cineasta extasiado ante la belleza
de su protagonista como Bugambilia.
Con todo y el exagerado amor que le profesaba, Fernández sostenía una relación cada vez más tormentosa y violenta con Dolores. El rodaje de Bugambilia se convirtió en una tortura para ambos y para el resto del equipo, quienes tuvieron que soportar los repentinos cambios de humor del realizador y las constantes amenazas de la estrella de abandonar el filme. Cuando la película fue terminada, en enero de 1945, Dolores anunció que jamás volvería a trabajar con el Indio Fernández.
Al director lo esperaba un descalabro aún mayor. Tras completar la primera copia de Bugambilia, el equipo se presentó en las oficinas de CLASA Films Mundiales para exhibirla ante el sucesor de Fink. Éste, sin brindarles mayores explicaciones, los corrió al grito de ¡No quiero genios! En un instante, Fernández, Figueroa, Magdaleno y Armendáriz se habían quedado sin trabajo.

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