5 de chocolate y 1 de fresa (1967)

México Color (Eastmancolor)

Una producción de:

AM Libra

Género:

Comedia juvenil

Duración:

98 min.

Sonido:

Estéreo

Dirección:

Carlos Velo

Asistente de Dirección:

Mario Llorca

Producción:

Angélica Ortiz; jefe de producción: Armando Espinosa

Guión:

Fernando Galiana; adaptación: Carlos Velo y José Agustín

Fotografía:

Rosalío Solano

Escenografía:

Ramón Rodríguez Granada

Maquillaje:

Concepción Zamora

Edición:

José W. Bustos

Sonido:

Jesús González Gancy

Música:

Sergio Guerrero; canciones: José Ortega; letras: José Agustín


Reparto:

Angélica María

....

Esperanza/Brenda/Domitila

Fernando Luján

....

Miguel Ernesto Suárez

Enrique Rambal

....

comisionado de la Agencia Internacional de Vigilancia (AIV)

Roberto Cañedo

....

Salvador Montesinos

Agustín Martínez Solares

....

Bernardo

Juan Ferrara

....

Pablo

Edmundo Mendoza

....

Alberto

Michel Strauss

....

Luis

Hortensia Santoveña

....

sor Remedios

Consuelo Monteagudo

....

sor Prudencia

Víctor Alcocer

....

Adolfo Jiménez, líder sindical

Nathanael León "Frankenstein"

....

agente primero

Carlos León

....

agente segundo

José Peña "Pepet"

....

cura confesor

Enriqueta Reza

....

monja

Francisco Reiguera

....

conserje del club de banqueros

Fernando Saucedo

Los Dug Dugs


Sinopsis:
Esperanza es una monjita se convierte en una audaz subversiva llamada Brenda después de comer por equivocación unos hongos alucinógenos. Tras irrumpir en una fiesta de la alta sociedad, Brenda y cinco jóvenes "popis" se dedican a cometer fechorías en la ciudad de México, entre ellas el asalto a un Sanborns para robarse cinco helados de chocolate y uno de fresa. Las aventuras de Brenda y sus secuaces se ven obstaculizadas por el empecinamiento del comisionado de la Agencia Internacional de Vigilancia, quien además está enamorado de la "peligrosa subversiva".

Comentario:
La onda, la neta, la Zona Rosa, la psicodelia, los Beatles, las olimpíadas, amor y paz, el rock. Como ninguna década anterior, la de los sesenta trajo consigo consigo la aparición de la juventud en la vida activa del país. Con más de dos terceras partes de su población menor a los 18 años, México se redefinía como un país joven y su juventud buscaba expresarse de muchas maneras.

El cine fue una de ellas. Agotadas las fórmulas tradicionales de entretenimiento y con una televisión aún incipiente, la juventud mexicana irrumpió en el cine, al frente y detrás de la pantalla.

Una década atrás, los adolescentes mexicanos eran retratados con enormes dosis de desconfianza por cineastas que pretendían enviar un mensaje moralizante a través de sus películas. En cintas como Y mañana serán mujeres (1954), La edad de la tentación (1958), Ellas también son rebeldes (1959) y Mañana serán hombres (1960), el director Alejandro Galindo presentó a una juventud más bien inocente pero, desde su óptica, necesitada de consejos y advertencias ante los "peligros de la vida moderna".

Otras películas de los años cincuenta, como ¿Con quién andan nuestras hijas? (1955) y El caso de una adolescente (1957) de Emilio Gómez Muriel, A dónde van nuestros hijos (1956) de Benito Alazraki, o Quinceañera (1958) de Alfredo B. Crevenna, subrayaban la apropiación de costumbres, modas y estilos de vida provenientes de Norteamérica, por parte de una juventud mexicana de clase media que se debatía entre el conservadurismo nacionalista de sus padres y las aspiraciones modernistas propias.

Ninguna de esas películas incluyó la participación de algún joven en la redacción de sus argumentos o en su dirección. La industria del cine mexicano estaba vedada para aquellos que no pertenecían al selecto y envejecido grupo de realizadores sindicalizados.

Los cambios comenzaron a notarse en 1960, cuando el ni tan joven ni tan viejo director Luis Alcoriza filmó Los jóvenes, un melodrama sobre problemas juveniles de clase media enfocado de un modo más realista y convincente que de costumbre. A partir de entonces, y a lo largo de la década de los sesenta, la participación de gente joven en el cine mexicano fue más numerosa y sus propuestas contribuyeron a modificar el árido panorama fílmico de aquellos años.

5 de chocolate y 1 de fresa es uno de los mejores ejemplos del cine juvenil, irreverente, fresco y subversivo de aquellos años. Angélica María, la novia de México, se deschongaba, se subía la falda y se convertía en lideresa a go-gó. "¡Horror!" gritaron quienes creían ver en estos desplantes poco menos que infantiles a un movimiento político con tintes anarquistas.

Buena parte del éxito y la frescura de 5 de chocolate y 1 de fresa se debe a la destacada labor como guionista del entonces muy joven escritor José Agustín, ícono de la emergente literatura "de la onda", quien incorporó una gran cantidad de detalles e incidentes divertidos en su trama y se reveló como representante de una nueva mentalidad, más acorde con su tiempo.

Como en Praga, París, Berkeley y Berlín, la "primavera mexicana" terminó abruptamente el 2 de octubre de 1968. A partir de esa fecha, México perdió la inocencia y se convirtió en un país complicado, con una enorme necesidad por recuperar la identidad perdida.

Página principal

Los que hicieron
nuestro cine

Astros y luminarias
del cine mexicano

Literatura sobre
cine mexicano