La diosa arrodillada (1947)

México Blanco y Negro
Lugar dentro de las 100 mejores películas del cine mexicano: 39

Una producción de:

Panamerican Films, S. A.

Género:

Melodrama pasional

Duración:

104 min.

Sonido:

Monoaural

Dirección:

Roberto Gavaldón

Asistente de Dirección:

Ignacio Villarreal; anotador: Humberto Gavaldón

Producción:

Rodolfo Lowenthal; gerente de producción: Luis Cortés; jefe de producción: Jorge Cardeña

Guión:

José Revueltas y Roberto Gavaldón, sobre un cuento de Ladislao Fodor, con la colaboración de Alfredo B. Crevenna y Edmundo Báez; guión técnico: Tito Davison

Fotografía:

Alex Phillips; operador de cámara: Rosalío Solano; foto-fija: Manuel Álvarez Bravo

Escenografía:

Manuel Fontanals

Títulos:

E. Mendoza

Vestuario:

Lillian Oppenheim y Aurora Máinez

Maquillaje:

Sara Mateos; peinados: Esperanza Gómez

Edición:

Charles L. Kimball; ayudante: Raúl J. Casso

Sonido:

James L. Fields, Nicolás de la Rosa y Galdino Samperio

Música:

Rodolfo Halffter; canciones: Agustín Lara ("Revancha") y Dr. Egor Newmann; coreografía: Mari Jinishian

Seleccción de Reparto:

Carlos Falomir


Reparto:

María Félix

....

Raquel Serrano

Arturo de Córdova

....

Antonio Ituarte

Rosario Granados

....

Elena

Fortunio Bonanova

....

Nacho Gutiérrez

Carlos Martínez Baena

....

Esteban

Rafael Alcayde

....

Demetrio

Eduardo Casado

....

licenciado Jiménez

Luis Mussot

....

doctor Vidaurri

Carlos Villarías

....

juez

Natalia Gentil Arcos

....

María

Paco Martínez

....

Villarreal

Rogelio Fernández

....

marinero

Juan Orraca

....

detective

Alfredo Varela, Sr.

José Arratia

Manuel Pozos

Adolfo Ballano Bueno

Fernando Casanova


Sinopsis:
El millonario Antonio obsequia a su esposa la estatua de una mujer desnuda como regalo de aniversario nupcial. La modelo que posó para la estatua es Raquel, amante de Antonio. Raquel exige a Antonio que se divorcie de su esposa y poco después ésta muere bajo circunstancias misteriosas. Antonio debe aceptar casarse con Raquel para que no se descubra que su esposa no falleció por causas naturales.

Comentario:
A partir de Crepúsculo (1944), del director Julio Bracho, el cine mexicano encontró en Arturo de Córdova al intérprete ideal para encarnar a un nuevo tipo de héroe: el hombre atormentado por un pasado oscuro o avasallado por una pasión inquietante. Dotado con un físico elegante y un rostro predispuesto a la preocupación, el actor yucateco personificó mejor que nadie a esos "seres de las sombras" en cintas como Algo flota sobre el agua (1947), El hombre sin rostro (1950), En la palma de tu mano (1950) y Él (1952).

El personaje que interpreta de Córdova en La diosa arrodillada se agrega de manera natural a su galería de galanes atormentados. El millonario Antonio Ituarte se debate entre la pasión y el desprecio que le inspiran la ambiciosa Raquel Serrano, interpretada por una María Félix en la plenitud de su belleza. Sólo ante una mujer como la Félix es posible explicar la contradicción de emociones que experimenta el personaje de Ituarte.

Si en La diosa arrodillada Arturo de Córdova se convierte en un "hombre al borde de un ataque de nervios", María Félix continua bordando el personaje que terminaría confundiéndose con su personalidad extra-fílmica. Antes de ponerse a las órdenes de Gavaldón, María había estelarizado Doña Bárbara (1943), La mujer sin alma (1943), La devoradora (1946) y La mujer de todos (1946). Los títulos de estas cintas evidencian el papel concebido para La Doña en la galería de personajes del cine mexicano.

Paralelamente al surgimiento del cine negro hollywoodense, en México se comenzaron a explorar temáticas adecuadas a una estética noir. Sin embargo, fueron pocos los directores mexicanos que se aventuraron a experimentar con las posibilidades expresivas de la fotografía en blanco y negro como lo hizo Roberto Gavaldón en La diosa arrodillada.

En esta cinta, la maestría del fotógrafo Alex Phillips logra momentos de gran belleza plástica, mientras que los elegantes movimientos de cámara diseñados por Gavaldón contribuyen a crear una atmósfera asfixiante. El resultado es un filme con una gran fuerza expresiva, uno de los mejores de su realizador.

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