Flor silvestre (1943)

México Blanco y Negro
Lugar dentro de las 100 mejores películas del cine mexicano: 30

Una producción de:

Films Mundiales

Género:

Drama rural

Duración:

90 min.

Sonido:

Monoaural

Dirección:

Emilio Fernández

Asistente de Dirección:

Felipe Palomino; anotadora: Matilde Landeta

Producción:

Agustín J. Fink; productor asociado y supervisor: Emilio Gómez Muriel; jefe de producción: Armando Espinosa

Guión:

Mauricio Magdaleno y Emilio Fernández, inspirado en la novela "Sucedió ayer" de Fernando Robles

Fotografía:

Gabriel Figueroa; operador de cámara: Domingo Carrillo

Escenografía:

Jorge Fernández

Vestuario:

Armando Valdés Peza

Maquillaje:

Ana Guerrero

Edición:

Jorge Bustos

Sonido:

Howard E. Randall; operadores: Fernando Barrera y Manuel Esperón

Música:

Francisco Domínguez; canciones: Cuates Díaz Castilla ("Flor Silvestre"), Pedro Galindo ("El herradero") y anónimo ("El hijo desobediente"); solos de guitarra: Antonio Bribiesca


Reparto:

Dolores del Río

....

Esperanza

Pedro Armendáriz

....

José Luis Castro

Emilio Fernández

....

Rogelio Torres

Miguel Ángel Ferriz

....

don Francisco

Armando Soto la Marina "Chicote"

....

Reynaldo

Agustín Isunza

....

Nicanor

Eduardo Arozamena

....

Melchor

Mimí Derba

....

doña Clara

Margarita Cortés

....

hermana de José Luis

Manuel Dondé

....

Úrsulo Torres

Salvador Quiroz

....

coronel Rubén Peña y Berlanga

José Elías Moreno

....

coronel Pánfilo Rodríguez, primo de Esperanza

Lucha Reyes

....

cantante en el jaripeo

Trío Calaveras

....

músicos en el jaripeo

Pedro Galindo

....

Pedro

Carlos Riquelme

....

cura

Alfonso Bedoya

....

teniente de Rogelio

Tito Novaro

....

hijo de Esperanza

Raúl Guerrero

....

asistente de Úrsulo

Hernán Vera

....

herrero

Emilia Guiú

....

extra


Sinopsis:
En un pueblo del Bajío de principios del siglo veinte, José Luis, hijo del hacendado don Francisco, se casa en secreto con Esperanza, una bella y humilde campesina. Disgustado por la boda y porque su hijo se ha convertido en revolucionario, don Francisco deshereda a José Luis y lo echa de su casa. Tras el triunfo de la revolución, la pareja vive feliz hasta que José Luis se ve obligado a enfrentar a un par de falsos revolucionarios que han secuestrado a Esperanza y a su pequeño hijo.

Comentario:
Para la historia del cine mexicano, 1943 llegaría a convertirse en uno de sus años más emblemáticos. En palabras de Emilio García Riera:

[los] logros de 1943 parecieron resultado de un acuerdo tácito: diríase que los más ambiciosos directores del cine mexicano, los veteranos y los nuevos, decidieron hacer en el año sus mejores esfuerzos [...] Quienes más llamaron la atención fueron dos nuevos directores, Julio Bracho y Emilio Fernández, que afirmaron con películas de 1943 sus grandes prestigios.
García Riera, E. (1993). Historia documental del cine mexicano III: 1943-1945. Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara, p. 8.

Si bien el prestigio alcanzado por Julio Bracho venía precedido por su respetable trayectoria como director teatral y por su brillante debut como realizador de ¡Ay qué tiempos señor don Simón! (1941) los antecedentes de Emilio Fernández no lo perfilaban como quien llegaría a ser uno de los pilares de la cinematografía mexicana.

Un par de experiencias previas -La isla de la Pasión (Clipperton) (1941) y Soy puro mexicano (1942)- no habían sido suficientes para demostrar el talento del “Indio” como realizador. Hacía falta que se conjuntaran un proyecto fílmico interesante con el equipo técnico y humano adecuados para que Fernández dirigiese la que sería su primera película importante.

Sería Films Mundiales, la misma compañía que tenía bajo contrato a Julio Bracho, la encargada de facilitarle al “Indio” las condiciones para que su labor como director fuese exitosa. Fundada en 1939, esta empresa era administrada por Agustín J. Fink, talentoso productor que había logrado destacar gracias a una acertada combinación de calidad y creatividad. Bajo su mando, Films Mundiales había logrado emular el modelo industrial de Hollywood, basado en mantener bajo contrato exclusivo a un equipo artístico y técnico de alta calidad, sin por ello descuidar a los nuevos talentos.

Desde 1942, Fink mantenía conversaciones con Dolores del Río, quien había abandonado Hollywood con la intención de afincarse en México. El proyecto de que la estrella protagonizara un filme mexicano no lograba cristalizar, entre otras razones, por falta de un director dispuesto a trabajar con la actriz. Fink recordó los trabajos previos de Fernández y consideró que el director merecía la oportunidad de dirigir una película en circunstancias más adecuadas.

El resultado fue mejor de lo que el astuto Fink podría haber imaginado. Gracias a su acertada combinación de talentos, Flor silvestre se convirtió no sólo en un gran éxito de taquilla sino en el punto de partida para la fructífera colaboración entre el “Indio” Fernández y el equipo con el que realizaría varios de sus mejores filmes: el guionista Mauricio Magdaleno, el fotógrafo Gabriel Figueroa y la pareja protagónica integrada por Dolores del Río y Pedro Armendáriz.

Historia de orgullos, idealismos y desigualdades, Flor silvestre es considerada como la cinta más emblemática de su autor y una de las películas más bellas del cine mexicano. En sus imágenes es posible vislumbrar no sólo el talento de su creador, sino el planteamiento estético que definiría al cine mexicano más allá de nuestras fronteras.

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