La hija del engaño (1951)

México Blanco y Negro

Una producción de:

Ultramar Films

Género:

Melodrama familiar

Duración:

80 min.

Sonido:

Monoaural

Dirección:

Luis Buñuel

Asistente de Dirección:

Mario Llorca

Producción:

Óscar Dancigers; gerente de producción: Federico Amérigo; jefe de producción: Fidel Pizarro

Guión:

Luis Alcoriza y Janet Alcoriza, sobre el sainete "Don Quintín el amargao" de Carlos Arniches y Estremera

Fotografía:

José Ortiz Ramos; operador de cámara: Manuel González

Escenografía:

Edward Fitzgerald; decoración: Pablo Galván

Maquillaje:

Ana Guerrero

Edición:

Carlos Savage

Sonido:

Eduardo Arjona y Jesús González Gancy

Música:

Manuel Esperón y Luis Buñuel (sin crédito); canciones: "Amorcito corazón" y "Jugando, mamá, jugando"


Reparto:

Fernando Soler

....

Quintín Guzmán

Alicia Caro

....

Marta

Fernando Soto "Mantequilla"

....

Angelito

Rubén Rojo

....

Paco

Nacho Contla

....

Jonrón

Amparo Garrido

....

María

Lily Aclemar

....

Jovita

Álvaro Matute

....

Julio

Roberto Meyer

....

Lencho García

Conchita Gentil Arcos

....

Toña

Francisco Ledesma

....

Laureano, dueño del café

Salvador Quiroz

....

jefe de estación

Xavier Loyá

....

joven jugador

José Escanero

....

jugador

Hernán Vera

....

compadre de Lencho

Victorio Blanco

....

compañero de juego de Quintín

Ignacio Peón

....

cliente del café

Pepe Martínez

....

cantinero

Jesús Rodríguez


Sinopsis:
Al descubrir el adulterio de su esposa María, Quintín la corre de su casa. Al irse, la mujer le grita que su hija Marta es fruto del adulterio. Amargado, Quintín abandona a la niña con Lencho y su esposa Toña. Años después, María convence a Quintín de que ella mintió sobre su paternidad y que debe regresar a buscar a su hija.

Comentario:
"Es muy poco lo que puedo decir de esta película, porque de ella no recuerdo casi nada. Es una película 'alimenticia': realizada para poder comer. Eso sí, procuré hacerla de manera profesional." Estas opiniones de Buñuel sobre La hija del engaño contrastan con su entusiasmo inicial por filmar una nueva versión de Don Quintín el amargao (1935) su único éxito taquillero como productor ejecutivo de la firma Filmófono.

La historia de Carlos Arniches, sobre un agente viajero clasemediero engañado por su esposa, había sido un éxito del teatro popular español desde su estreno a principios de los años veinte. Adaptada al género musical de la zarzuela, la obra continuó divirtiendo al público madrileño de la siguiente década, gracias a su acertada combinación de crítica social, humor bonachón y elementos de la vida popular.

Llevada al cine por primera vez en 1925, Don Quintín el amargao fue el primer proyecto fílmico que Luis Buñuel acometió sistemáticamente, tratando de reproducir en Madrid los eficientes métodos de producción que había visto funcionar en Hollywood. Aunque el proceso no sería igual -por la evidente falta de recursos financieros- el resultado sería muy satisfactorio y le permitiría a Filmófono producir cuatro cintas más, hasta que la Guerra Civil interrumpiera sus actividades.

La versión mexicana tuvo un origen muy diferente. Salvado el escollo que representó el escándalo en torno a Los olvidados (1950), un Óscar Dancigers más entusiasmado propuso a Buñuel aprovechar la coyuntura y filmar una película sencilla que repitiese el éxito comercial de El gran calavera (1949). La estrella sería, de nuevo, el actor Fernando Soler.

A Buñuel le pareció muy cómodo volver a trabajar con Soler con quien acababa de terminar el rodaje de Susana (Carne y demonio) (1950). A pesar de su carácter especial -y de su tendencia a dirigirse a sí mismo- Fernando Soler había logrado entenderse con Buñuel y formar una eficiente mancuerna.

La nostalgia por la patria cada vez más lejana imperó en los preparativos de La hija del engaño. Buñuel conservaba la única copia sobreviviente de la producción de Filmófono y la exhibió a los productores y al guionista Alcoriza. Presos de la nostalgia, Alcoriza y Buñuel dejaron casi intacta la trama, mexicanizaron los diálogos y modificaron unas cuantas situaciones, de manera que la nueva versión fuese, técnicamente hablando, un perfecto "remake" de su predecesora.

A pesar de su entusiasmo inicial, el filme no agradó ni a Buñuel ni a sus productores quienes, para no hacer evidente que era una segunda versión de otra película, la rebautizaron con un título que jamás gustó al director. "Ese título de La hija del engaño es un error de los productores. Si le hubieran dejado su verdadero título [...] todos los españoles hubieran ido a verla."

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