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Una producción de: |
CLASA Films Mundiales |
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Género: |
Drama fantástico |
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Duración: |
90 min. |
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Sonido: |
Monoaural |
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Dirección: |
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Asistente de Dirección: |
Ignacio Villarreal; anotador: Manuel Alcayde |
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Producción: |
Armando Orive Alba; productor ejecutivo: José Luis Celis; gerente de producción: Fernando Belina; jefe de producción: Alberto A. Ferrer |
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Guión: |
Emilio Carballido y Roberto Gavaldón, sobre una historia de Bruno Traven basada en un cuento de los hermanos Grimm |
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Fotografía: |
Gabriel Figueroa; operador de cámara: Manuel González; alumbrador: Daniel López; asistente: Pablo Ríos |
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Escenografía: |
Manuel Fontanals |
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Vestuario: |
Anita Jones |
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Maquillaje: |
Armando Meyer |
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Peinados: |
Bertha Chiu |
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Edición: |
Gloria Schoemann; ayudantes: Rosa Schoemann y Sergio Ortega |
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Títulos: |
Nicolás Rueda, Jr. |
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Sonido: |
James L. Fields; grabación de diálogos: Jesús González Gancy; grabación de música y regrabación: Galdino Samperio; edición de sonido: Teódulo Bustos; efectos especiales: Juan Muñoz Ravelo |
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Música: |
Raúl Lavista |
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Macario | |
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esposa de Macario | |
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Enrique Lucero |
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la Muerte |
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Mario Alberto Rodríguez |
.... |
don Ramiro |
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Enrique García Álvarez |
.... |
inquisidor |
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Eduardo Fajardo |
.... |
virrey |
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José Gálvez |
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el Diablo |
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Consuelo Frank |
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virreina |
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José Luis Jiménez |
.... |
Dios |
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Wally Barrón |
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panadero |
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Sonia Infante |
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esposa de don Ramiro |
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Manuel Dondé |
.... |
enviado de la Inquisición |
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Miguel Arenas |
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inquisidor |
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Luis Aceves Castañeda |
.... |
verdugo |
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José Dupeyrón |
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Celia Tejeda |
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Manuel Noriega |
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Mario García González |
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Alicia del Lago |
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Pepe y sus marionetas |
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Sinopsis:
El campesino Macario vive obsesionado por su pobreza y
por la idea de la muerte. Obstinado, decide aguantarse el hambre hasta no encontrar
un guajolote que se pueda comer él solo. Su mujer roba uno y Macario
sale al bosque a comérselo. Allí se niega a compartirlo con Dios
y con el Diablo y sólo lo hace cuando se le aparece la Muerte. Agradecida,
la Muerte entrega a Macario un agua curativa con la que el campesino comenzará
a hacer milagros.
Comentario:
Macario
fue una de las películas mexicanas más célebres de su tiempo
y la primera cinta de este país en ser nominada al Oscar de
la Academia de Hollywood en la categoría de mejor película en
lengua extranjera. Sin embargo, la crítica revisionista que surgió
en México a principios de los años sesenta acusó a la película
y a su director de un exceso de preciosismo y artificialidad. Estas apreciaciones
condujeron a un prematuro desprestigio del cine de Roberto Gavaldón,
quien una década atrás había sido uno de los directores
más respetados de la industria fílmica mexicana.
Por algunos años, Macario fue considerada como una película hecha para satisfacer el gusto extranjero, triunfar en festivales y subrayar un nacionalismo anacrónico y nada moderno. Luego, en los años ochenta, Gavaldón fue revalorado y sus películas –Macario incluida- apreciadas por las mismas razones que anteriormente fueron criticadas.
En todo caso, las actuaciones de López Tarso y Pina Pellicer en Macario no pasaron desapercibidas y fueron apreciadas positivamente por los mismos críticos que denostaron la cinta:
Lástima de ver desaprovechados a Ignacio López Tarso, que por su figura y sobria actuación recuerda algo a Gary Cooper, y a la hermosa Pina Pellicer, cuya interpretación sería más interior si ese director formalista y vacío que es Gavaldón se lo permitiera. José de la Colina, en García Riera, E. (1994). Historia documental del cine mexicano. Vol. 10: 1959-1960, México: Universidad de Guadalajara, pp. 105-106.
En Macario, destaca el tono que Pina Pellicer imprime a su actuación, el cual la aleja por completo del estereotipo de la mujer abnegada y sacrificada que era típico en el cine mexicano de la época. A diferencia de otros personajes femeninos semejantes -como la Paloma interpretada por Columba Domínguez en Pueblerina (1948) de Emilio Fernández, o la Soledad creada por Stella Inda para El rebozo de Soledad (1952) del propio Gavaldón- la mujer de Macario no se conforma con quedarse en la sombra y compartir en silencio el sufrimiento de su marido. Por el contrario, ella actúa y resuelve la frustración del hombre, robando un guajolote y cocinándolo sólo para él.
La Muerte, el otro gran personaje de Macario, es interpretada por Enrique Lucero con dosis iguales de sobriedad y sentido del humor, sin el acartonamiento que desafortunadamente es visible en el resto del cuadro de actores. La interpretación del actor fue tan acertada que, varias décadas después, seguía siendo recordada como una de las grandes actuaciones del cine mexicano.
Por su parte, los soberbios claroscuros fotografiados por Figueroa alcanzan en esta cinta niveles de belleza plástica tan sublimes, que han sido comparados por algunos críticos con la pintura de Rembrandt, Velázquez y Goya.
Aunque un tanto excesiva en su preciosismo folclorista, Macario sigue siendo una cinta sumamente disfrutable y se destaca como ejemplo del mejor cine industrial mexicano: de aquel que iniciaba su declive en la época en que Macario fue filmada.

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