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Una producción de: |
Productora Fílmica Real |
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Género: |
Comedia de enredos |
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Duración: |
85 min. |
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Sonido: |
Monoaural |
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Dirección: |
René Cardona, Jr. |
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Asistente de Dirección: |
Jaime L. Contreras; anotador: Manuel Alcayde |
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Producción: |
Alberto López; productor ejecutivo: Alberto López; jefe de producción: Fidel Pizarro |
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Guión: |
Fernando Galiana y René Cardona, Jr.; adaptación: Fernando Galiana |
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Fotografía: |
José Ortiz Ramos; operador de cámara: Felipe L. Mariscal; alumbrador: Gabriel Castro |
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Decorados: |
Alfonso Godínez |
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Vestuario: |
Rubén Maytorena |
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Maquillaje: |
Felisa Ladrón de Guevara y María Luisa Carrasco |
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Edición: |
Alfredo Rosas Priego; ayudante: Ramón Aupart |
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Sonido: |
Eduardo Arjona y Salvador Topete; edición de sonido: Abraham Cruz |
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Música: |
Gustavo César Carrión; temas musicales: Ernesto Cortázar, Jr. |
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Maurice | |
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Zulma Faiad |
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Doris Martel |
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Irma Lozano |
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Magda |
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Claudia Islas |
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Rebeca |
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Enrique Rocha |
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Perugino |
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Patricia Azpíllaga |
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Bárbara |
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don Álvaro | |
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Irlanda Mora |
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Irlanda, secretaria de Maurice |
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Alma Thelma Domínguez |
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Telma, modelo |
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Hugo Goodman |
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Antoine |
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Carlos Nieto |
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Mao |
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Raúl Meraz |
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Luigi |
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Enrique Pontón |
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presentador de desfile |
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Queta Lavat |
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periodista |
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René Barrera |
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matón 1 |
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Juan Garza |
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matón 2 |
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Armando Acosta |
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fotógrafo |
Comentario:
Indiscutiblemente, los sesenta fueron los últimos
años del glamour en el cine. Aunque la austeridad
impuesta por la postguerra casi los había desterrado, el lujo,
la elegancia, la riqueza y los ambientes cosmopolitas reaparecieron
en las pantallas de todo el mundo con una fuerza que no se
había visto desde los años treinta.
A diferencia de entonces, cuando Hollywood presentaba estilos de vida lujosos y mundanos a un público estadounidense empobrecido que deseaba olvidar la terrible recesión económica en que vivía, el glamour de los años sesenta simbolizaba el triunfo de un capitalismo avasallador, que había logrado reconstruir a la maltrecha Europa en pocos años y que anunciaba la prosperidad de los nuevos tiempos.
La recuperación económica de Europa fue el signo más visible de un nuevo estado de las cosas y, no en balde, varios de los íconos del nuevo glamour cinematográfico surgieron en el viejo continente. En 1962, el cine británico presentó a James Bond, un agente secreto capaz de enfrentar los serios peligros de la "guerra fría" entre martinis, autos convertibles y bellas mujeres. La reconstruida Italia dejó atrás la humildad del neorrealismo para abrazar la elegante sofisticación del cine de Antonioni, la exhuberancia visual de las películas de Fellini y la deliciosa frivolidad de las comedias interpretadas por Marcello Mastroianni, Sophia Loren, Claudia Cardinale y Gina Lollobrigida. Los franceses -inventores del glamour- no se quedaron atrás y combinaron amor, pasión y elegancia, en filmes como Jules y Jim (1963), Los paraguas de Cherburgo (1964), Un hombre y una mujer (1966) y Besos robados (1968).
En Hollywood, el lujo y la sofisticación se asociaron con la creciente prosperidad económica de los Estados Unidos y los modernos estilos de vida surgidos a partir de ésta. Desde que Betty Grable, Marilyn Monroe y Lauren Bacall se pusieron de acuerdo en Cómo atrapar a un millonario (1953) el cine norteamericano se pobló de jóvenes bellas, elegantes, ambiciosas e independientes, dispuestas a conquistar un sitio en el selecto mundo del jet-set internacional.
La sociedad mexicana no se sustrajo ante estas influencias. La prosperidad económica era una aspiración legítima de una creciente clase media que veía en la obtención de la sede de los Juegos Olímpicos de 1968 el signo inequívoco de que el país había llegado al umbral del desarrollo.
El éxito taquillero de películas como Carita de ángel (1957), Problemas de alcoba (1959), Muñequita de lujo (1961), Charada (1963), Arabesque (1963), La pantera rosa (1964) y La fiesta inolvidable (1968) contribuyó a crear un clima propicio para la realización de un cine mexicano con pretensiones sofisticadas. Los ambientes lujosos de Roma, París, Nueva York y Londres, fueron reemplazados por Acapulco, Las Vegas, Cuernavaca y Río de Janeiro. La belleza y sensualidad de Brigitte Bardot, Elke Sommer y Ursula Andress encontraron eco en los esculturales cuerpos de Claudia Islas, Zulma Faiad, Maura Monti e Isela Vega. Y a falta de Sean Connery, Peter Sellers, Rock Hudson o Cary Grant, quién mejor que Mauricio Garcés.
Aunque quizás no sea su película más representativa, Modisto de señoras constituye una síntesis de la obra fílmica que hizo famoso al actor que "trajo muertas" a toda una constelación de bellezas durante los años sesenta. En Modisto de señoras, Garcés hace gala de su agudo ingenio verbal para aludir a los tópicos en boga de su tiempo, a la vez que "borda" magistralmente el personaje de Casanova otoñal que lo convirtió en favorito del público. Nadie como él para ejemplificar lo que significó el glamour en el cine mexicano de los sesenta.

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