El pecador (1964)

México Blanco y Negro

Una producción de:

Producciones Sotomayor

Género:

Melodrama

Duración:

95 min.

Sonido:

Monoaural

Dirección:

Rafael Baledón

Asistente de Dirección:

Américo Fernández

Producción:

Jesús Sotomayor; productor ejecutivo: Heberto Dávila Guajardo; jefe de producción: Antonio Guajardo; supervisión: Miguel Sotomayor

Guión:

José María Fernández Unsaín

Fotografía:

Raúl Martínez Solares

Escenografía:

Salvador Lozano Mena

Maquillaje:

María del Castillo

Edición:

Carlos Savage

Sonido:

Javier Mateos

Música:

Sergio Guerrero; canciones: Joseph Kosma ("Las hojas muertas"); Alejandro F. Roth ("Incontenible"); José Alfredo Jiménez ("Llegando a tí"); Luis Demetrio ("El día"); Nisa Panzari ("No tengo edad para amarte"); Álvaro Carrillo ("Sabor a mí")


Reparto:
Arturo de Córdova .... Mario

Marga López

....

Olga

Kitty de Hoyos

....

Sonia

Pina Pellicer

....

Irma

Javier Solís

....

Víctor

Marco Antonio Muñiz .... Bruno
Julissa .... Lidia
Tito Junco .... traficante
Joaquín Cordero .... César Domínguez
Miguel Ángel Ferriz .... rector
Manuel Alvarado .... capitán del cabaret
Guillermo Álvarez Bianchi .... cliente gordo
Ramón Valdés .... Juan, mesero
Héctor Suárez .... estudiante

Sinopsis:
Mario, viudo respetable y catedrático de derecho, es indiferente a los coqueteos de su joven alumna Lidia. En la fiesta de cumpleaños que le organiza su hija Irma, Mario se emborracha con Lidia y termina yendo a un cabaret. Allí conoce a Olga, una cabaretera con quien pasa la noche. A partir de ese momento, Mario frecuenta el cabaret, bebe con más frecuencia y se enreda en líos de traficantes.

Comentario:
Aunque taquillera en su estreno, con el tiempo El pecador ha pasado a formar parte de la extensa filmografía mexicana que se recuerda más por curiosidad que por su valor cinematográfico. Con un peculiar reparto integrado por viejas glorias del cine nacional y populares cantantes del momento, la cinta se debate entre varios géneros del cine mexicano industrial que no alcanzan a combinarse atinadamente. Así, del melodrama de cabaret, al estilo Salón México (1948), la cinta “salta” sin empacho alguno al drama psicológico atormentado -muy del gusto del protagonista Arturo de Córdova- y al cine juvenil, propio de la época en que fue producida la cinta. Inclusive, El pecador “coquetea” con el cine de traficantes, género que se haría popular dos décadas más tarde.

Tan peculiar combinación de géneros no es, como pudiera pensarse, el resultado de un novedoso experimento de técnicas narrativas, sino la manifestación evidente del desconcierto al que había llegado la industria del cine mexicano en 1964. Con un público cada vez más alejado de sus pantallas, el cine mexicano trataba de recuperar algo de terreno ante la hegemonía de Hollywood y la creciente popularidad de la televisión. Así, al incluir en una misma película a talentos tan dispares como Marga López, Julissa o Javier Solís, el cine mexicano intentaba llegar a alguien, no importando a quién.

Tras la trágica muerte de Pedro Infante, la industria del cine mexicano deseaba encontrar una figura que substituyese al ídolo en el corazón del público, de ahí que el limitado talento fílmico del cantante Javier Solís fuera sobrexplotado en varias películas de principios de los años sesenta. Sin embargo, la misma industria reconocía que la gran popularidad de Solís como cantante no era suficiente para garantizar el éxito de una película, de ahí que, como en El pecador, siempre lo rodeasen de un cuadro de actores para todos los gustos. Irónicamente, el exceso de trabajo conduciría a Solís a descuidar su salud y a una prematura muerte en 1966.

Además de representativa de la crisis que atravesaba la industria del cine mexicano a principios de los años sesenta, El pecador es recordada por ser la última película de la breve filmografía de Pina Pellicer. Desafortunadamente, el enorme talento de la actriz quedó eclipsado por una trama que no le brinda a su personaje ningún momento memorable y, aunque logra dotar a su personaje de algunos matices interesantes, su interpretación carece de la fuerza expresiva de sus trabajos en Macario (1959) y Días de otoño (1962).

Finalmente, y aunque El pecador no pueda considerarse como una gran película, sí es una cinta realizada con la intención de entretener a un público que aún consideraba al cine nacional como una opción de diversión. A la luz de la crisis por la que atraviesa nuestra cinematografía desde hace varios años, eso es algo que muchos desean del cine mexicano contemporáneo.

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