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Una producción de: |
Rodríguez Hermanos |
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Género: |
Melodrama arrabalero |
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Duración: |
125 min. |
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Sonido: |
Monoaural |
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Dirección: |
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Asistente de Dirección: |
Jorge López Portillo |
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Producción: |
Ismael Rodríguez; jefe de producción: Armando Espinosa; gerente de producción: Álvaro Bielsa |
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Guión: |
Ismael Rodríguez y Pedro de Urdimalas (Jesús Camacho) con la colaboración de Carlos González Dueñas; adaptación y diálogos: Pedro de Urdimalas (Jesús Camacho) |
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Fotografía: |
José Ortiz Ramos; operadores de cámara: Manuel González y Carlos Sorensen; alumbrador: Luis García |
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Escenografía: |
Carlos Toussaint |
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Maquillaje: |
Román Juárez |
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Edición: |
Fernando Martínez |
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Sonido: |
Manuel Topete y Jesús González Gancy |
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Música: |
Manuel Esperón; canciones: "Amorcito corazón", "Ni hablar mujer" y otras de Manuel Esperón (música) y Pedro de Urdimalas (Jesús Camacho) (letra) |
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Títulos: |
Tísner |
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.... |
Pepe "El Toro" | |
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.... |
Chachita | |
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.... |
Yolanda "La Tísica" | |
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Celia "La Chorreada" o "La Romántica" | |
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Miguel Inclán |
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don Pilar |
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La que se levanta tarde | |
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Rafael Alcayde |
.... |
licenciado Montes |
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Delia Magaña |
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La Tostada |
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Amelia Wilhelmy |
.... |
Malena "La Guayaba" |
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Jesús Camacho |
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Topillos |
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Ricardo Camacho |
.... |
Planillas |
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Lidia Franco |
.... |
doña Merenciana, portera |
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María Gentil Arcos |
.... |
la paralítica |
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Abel Cureño "El Naranjero" |
.... |
Pinocho |
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Jorge Arriaga |
.... |
asesino |
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Víctor Torres |
.... |
Antonio Morales |
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Conchita Gentil Arcos |
.... |
la usurera |
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Julio Ahuet |
.... |
preso |
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Salvador Quiroz |
.... |
cura |
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Jesús García |
.... |
El Camello, vendedor de lotería |
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Jaime Jiménez Pons |
.... |
El Güijolo |
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Socorro Avelar |
.... |
dependienta de la tienda |
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Roberto Corell |
.... |
juez |
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Guillermo Bravo Sosa |
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gendarme |
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Rogelio Fernández |
.... |
preso |
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Carlos Rincón Gallardo |
.... |
actuario |
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Leonor Gómez |
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Hilda Vera |
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Silvia Castro |
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Trío Cantarrecio |
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Comentario:
Hablar de Nosotros los
pobres sin caer en los lugares
comunes -"la película más taquillera del cine
mexicano", "el monumento fílmico de nuestra cultura popular"-
es una empresa tan imposible como inútil. Cualquier
aproximación a esta cinta tiene que tomar en cuenta el
carácter extraordinario de su recepción por parte del
público y el impacto a largo plazo que ha tenido, no
sólo para la historia del cine mexicano, sino para la
construcción de una identidad nacional a partir de la mitad
del siglo veinte. En palabras del crítico Jorge Ayala
Blanco:
Es muy difícil hablar de Nosotros los pobres y valorar objetivamente su visión de la Ciudad de México. Es un desafío a la exégesis. [...] La variedad de sus estilos, su acendrado barroquismo y sus proyecciones sentimentales invalidad cualquier juicio severo o cualquier tentativa de rápida liquidación. Es un nefando producto populachero y todo lo contrario al mismo tiempo. Existe como una piedra de toque del cine mexicano, como un objeto maravillosamente monstruoso, como un sujeto independiente. Tiene mayor fuerza y vida que todo el cine del año realizado en su conjunto. Nosotros los pobres es, hoy, un hecho cinematográfico que administra sus defectos y exageraciones para ahondar en la eficacia de sus efectos. Ayala Blanco, J. (1985). La aventura del cine mexicano. México: Editorial Posada, pp. 121-122.
Contra lo que pudiera pensarse acerca de la espontaneidad de este fenómeno, el éxito de Nosotros los pobres fue previsto por su realizador desde antes de su filmación. Las dos colaboraciones previas entre Ismael Rodríguez y Pedro Infante -Los tres García (1946) y su secuela Vuelven los García (1946)- habían convertido al actor y cantante en un ídolo popular, especialmente entre el público que abarrotaba las salas de "segunda corrida". De ahí que Rodríguez decidiera estrenar Nosotros los pobres en el cine "Colonial", una sala ubicada cerca del populoso barrio de la Merced en la Ciudad de México.
Lo que jamás imaginó Rodríguez fue lo que vendría después. Conquistado el público de artesanos humildes, pequeños comerciantes y obreros recién llegados del campo, Nosotros los pobres continuaría aumentando su audiencia gracias a la televisión, medio que la transmitiría en inumerables ocasiones y que perpetuaría su éxito entre las nuevas generaciones de mexicanos.
A más de medio siglo de su estreno, parece difícil que una nueva película llegue a ocupar el lugar de Nosotros los pobres en la preferencia del público mexicano. Lo más probable es que, avanzado el nuevo siglo, la cinta siga cautivando a generaciones que aún no han nacido pero que seguramente reirán y llorarán con Pepe "El Toro", Chachita, "La Chorreada" y sus amigos.

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