|
|
|
|
| |
|
| |
![]() |
|
Una producción de: |
Alfonso Rivas Bustamante y Fernando de Fuentes |
|
Género: |
Melodrama ranchero |
|
Duración: |
100 min. |
|
Sonido: |
Monoaural |
|
Dirección: | |
|
Asistente de dirección: |
Mario de Lara |
|
Producción: |
Alfonso Rivas Bustamante y Fernando de Fuentes, financiados por Antonio Díaz Lombardo; gerente de producción: Alfonso Sánchez Tello |
|
Guión: |
Luz Guzmán de Arellano y Guz Águila (Antonio Guzmán Aguilera); adaptación: Guz Águila y Fernando de Fuentes |
|
Fotografía: | |
|
Escenografía: |
Jorge Fernández |
|
Maquillaje: |
Dolores Camarillo "Fraustita" |
|
Edición: |
Fernando de Fuentes |
|
Sonido: |
B. J. Kroger |
|
Música: |
Lorenzo Barcelata; canciones: Lorenzo Barcelata ("Presumida", "Lucha María", "Por tí aprendí a querer", "Amanecer ranchero" y "Coplas de Huapango"), José López Alavés ("Canción mixteca") y anónimo ("Allá en el Rancho Grande"), esta última probablemente de Silvano R. Ramos |
|
.... |
José Francisco Ruelas | |
|
René Cardona |
.... |
Felipe |
|
.... |
Cruz | |
|
Lorenzo Barcelata |
.... |
Martín |
|
Emma Roldán |
.... |
Ángela |
|
Carlos López "Chaflán" |
.... |
Florentino |
|
Margarita Cortés |
.... |
Eulalia |
|
Dolores Camarillo "Fraustita" |
.... |
Marcelina |
|
Manuel Noriega |
.... |
don Rosendo |
|
Hernán Vera |
.... |
don Venancio |
|
Alfonso Sánchez Tello |
.... |
Nabor Peña |
|
David Valle González |
.... |
don Nicho |
|
Carlos L. Cabello |
.... |
Emeterio |
|
Armando Alemán |
.... |
José Francisco, niño |
|
Gaspar Núñez |
.... |
Felipe, niño |
|
Lucha María Ávila |
.... |
Cruz, niña |
|
Clifford Carr |
.... |
Pete, el gringo |
|
Paco Martínez |
.... |
médico |
|
Juan García |
.... |
Gabino |
|
.... |
bailarín de "el Jarabe Tapatío" | |
|
Olga Falcón |
.... |
bailarina de "el Jarabe Tapatío" |
|
Jesús Melgarejo |
|
|
|
Trío Murciélagos |
|
|
|
Trío Tariácuri |
|
|
Comentario:
Filmada después de
Vámonos con Pancho Villa
(1935), pero estrenada casi tres meses
antes, Allá en el Rancho
Grande es la cinta que logró
colocar al cine mexicano dentro del panorama fímico mundial.
Mérito importante pero insatisfactorio para el director
Fernando de Fuentes, quien no vivió lo suficiente para
comprobar que su preferencia hacia la primera era compartida por
críticos e historiadores del cine nacional, hasta el grado de
considerarla como la mejor película mexicana de todos los
tiempos.
La oposición entre la aguda visión crítica presente en Vámonos con Pancho Villa (1935) y El compadre Mendoza (1933) y la complacencia comercial de Allá en el Rancho Grande sólo se explica a raiz del fracaso económico de las dos primeras. Es probable que De Fuentes haya acometido el rodaje de Allá en el Rancho Grande con el fin de recuperarse económicamente, sin adivinar que se convertiría en su filme más taquillero y, paradójicamente, en el más alejado a sus pretensiones artísticas. A partir de esta película, Fernando de Fuentes lograría otros éxitos de taquilla, pero ninguno de sus siguientes filmes alcanzaría el valor estético de sus primeras obras.
Con una trama presentada ya en otros filmes -como el mexicano En la hacienda (1921) de Ernesto Vollrath y el español Nobleza baturra (1935) de Florián Rey- el argumento de los hermanos Guzmán Aguilera se desarrolla en el marco de un idílico paraje campirano, con hacendados y peones a quienes la revolución no parece importarles tanto como las fiestas, jaripeos y canciones. Los argumentistas -experimentados escritores de teatro de revista- incorporaron a la historia algunos "gags" cómicos de comprobada popularidad en el medio teatral mexicano para aligerar una trama que, en esencia, es un alegato sobre "el derecho de pernada" y sus consecuencias.
Paradójicamente, el cine mexicano llevaba casi dos décadas intentando lograr el éxito comercial al mismo tiempo que libraba una batalla contra la representación extranjera folclorista de "lo mexicano", entendido como un punto de convergencia entre charros cantores, manolas enmantilladas y gauchos con sombreritos de borlas. De ahí que el triunfo internacional de Allá en el Rancho Grande sea, al mismo tiempo, el fracaso de tan aguerrida empresa en pro de la dignidad nacional. El filme más artificial sobre "lo mexicano" realizado en México se alzó con el premio a la mejor fotografía del Festival de Venecia de 1938, al mismo tiempo que lograba ser exhibido con subtítulos en inglés en los Estados Unidos. A partir de ese momento, el cine mexicano iniciaba un camino que conduciría a otras expresiones de folclorismo (aderezado con "dignidad") como la obra fílmica de Emilio Fernández, y que tendría su expresión más reciente -y no menos taquillera- en Como agua para chocolate (1992) de Alfonso Arau.

![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
|
|
nuestro cine |
del cine mexicano |
cine mexicano |