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Una producción de: |
Productora Atlántida, S. A. |
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Género: |
Comedia ranchera |
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Duración: |
90 min. |
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Sonido: |
Monoaural |
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Dirección: |
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Asistente de Dirección: |
Américo Fernández; anotador: Pedro López |
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Producción: |
David Negrete (productor ejecutivo); gerente de producción: Johnny Mari; jefe de producción: José Luis Busto; subjefe de producción: Federico Serrano |
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Guión: |
Íñigo de Martino, Mauricio Magdaleno y Emilio Fernández |
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Fotografía: |
Agustín Martínez Solares |
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Escenografía: |
Salvador Lozano; decorados: Darío Cabañas |
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Vestuario: |
Félix Mejía |
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Maquillaje: |
Armando Meyer; peinados: Berta Chiu |
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Edición: |
Gloria Schoemann; ayudante: Pedro Velázquez |
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Foto-fijas: |
Otón Argumedo |
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Sonido: |
James L. Fields; grabación: José B. Carles (diálogo) y Galdino Samperio (regrabación); edición sincrónica: Antonio Bustos; efectos especiales: Jorge Benavides |
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Música: |
Manuel Esperón; canciones: "El jinete", "Ojos tapatíos", "Las mañanitas", "Ahí nomás", "Fuí queriéndote", "La parranda" y "Jarabe tapatío" |
| Jefe de Repartos: | Manuel de Anda |
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Ricardo Alfaro |
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Aurora Campos y Campos |
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don Cástulo |
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José Elías Moreno |
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don Constancio |
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Rodolfo Landa |
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Prudencio |
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José Ángel Espinosa "Ferrusquilla" |
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don Cándido |
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Beatriz Ramos |
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Perfecta |
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Emma Roldán |
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esposa de Constancio |
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Antonio Bribiesca |
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guitarrista |
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Manuel Noriega |
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Rogelio Fernández |
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Jaime Fernández |
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Agustín Fernández |
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Lety Valencia |
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Sinopsis:
En el pueblo de Santiago de Alfaro, una noticia periodística
da por muerto al ranchero Ricardo. Prendados de su belleza -y tras recibir un
pago de doce mil pesos- las autoridades del pueblo permiten que la bella Aurora
Campos pase a ocupar la residencia del desaparecido. La noticia resulta
ser falsa y Ricardo trata de reinstalarse en su propiedad, lo que desencadena
una batalla campal entre el ranchero y la bella posesionaria.
Comentario:
Para Emilio García Riera, detrás de las cómicas situaciones
que Emilio Fernández presentaba en El rapto
se escondía el temor del cineasta a perder su hogar y su puesto en el
cine mexicano:
El rapto expresó el miedo del Indio a perder su casa, en el plano real, y su puesto en el cine mexicano en el simbólico. Y quizá Fausto Carrillo tuvo razón, en el texto transcrito al comienzo de esta noticia de El rapto, al señalar lo que su casa -su fortaleza- representó para El Indio: el fin de la aventura y el comienzo de la aprensión propietaria. El Indio perdería su puesto en el cine mexicano, si es que no lo había perdido ya al hacer El rapto (la crítica elogiaba ya más que a él a Roberto Gavaldón, y la extranjera más culta a Luis Buñuel); en cambio, conservaría su casa hasta la muerte. García Riera, E. (1987). Emilio Fernández <1904-1986>. Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara, p. 221.
La anterior apreciación se sustenta en la inusitada selección
que el realizador hizo de su propia casa como escenario principal del rodaje
de esta comedia ranchera. Fernández había dedicado mucho tiempo,
dinero y esfuerzo a construir y mantener la mansión de la calle Dulce
Olivia en Coyoacán, un edificio hecho a su medida, imagen y semejanza,
con amplios espacios, obras de arte y sus iniciales grabadas por todas partes.
Perderla -como la pierde Ricardo Alfaro en El rapto-
hubiera sido un golpe muy duro para el realizador.
El rapto reunió en la pantalla,
por tercera y última vez, a la popular pareja integrada por María
Félix y Jorge Negrete. Desde su tormentoso primer encuentro en el set
de El peñón de las Ánimas (1942), la Doña
y el charro cantor no habían vuelto a trabajar juntos. Sus
caminos se cruzaron de nuevo en 1952 cuando, en un acto tan intempestivo como
publicitado, ambas estrellas contrajeron matrimonio y escandalizaron al país
entero que conocía su legendaria enemistad y que había sido testigo
de la prolongada relación entre Negrete y la actriz Gloria
Marín. Aprovechando las circunstancias alrededor del romance, el
escritor Julio Alejandro redactó una historia que Fernández incluyó
en la trama de Reportaje (1953), cinta realizada
con el objetivo de recaudar fondos para los Periodistas Cinematográficos
de México. En ella, la pareja representaba a dos estrellas de cine que
se peleaban, reconciliaban y enamoraban tal como había sucedido en la
vida real.
Reportaje demostró que, once años después de El
peñón de las Ánimas, la química
entre Negrete y la Félix había mejorado muchísimo por lo
que parecía lógico aprovechar la popularidad y los temperamentos
de ambas estrellas en una nueva película. Nadie se imaginaba que, durante
los preparativos para el rodaje de El rapto,
una antigua dolencia hepática haría estragos en el organismo de
Jorge Negrete y que al charro cantor le quedaban muy pocos meses
de vida.
Con situaciones y diálogos que recuerdan más que casuamente a Enamorada (1946), la película fue calificada como:
[...] agradable, convencional y artificiosa, pero [que] cumple con su cometido y permite que el público se entretenga y goce con un relato sencillo. Ariel, en García Riera, E. (1987). Emilio Fernández <1904-1986>. Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara, p. 218.
El Indio salió bien librado del compromiso al realizar una comedia sencilla y sin pretensiones, en la que vale la pena admirar, además de la casa del realizador, el trabajo fotográfico de Martínez Solares.

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