El rapto (1953)

México Blanco y Negro

Una producción de:

Productora Atlántida, S. A.

Género:

Comedia ranchera

Duración:

90 min.

Sonido:

Monoaural

Dirección:

Emilio Fernández

Asistente de Dirección:

Américo Fernández; anotador: Pedro López

Producción:

David Negrete (productor ejecutivo); gerente de producción: Johnny Mari; jefe de producción: José Luis Busto; subjefe de producción: Federico Serrano

Guión:

Íñigo de Martino, Mauricio Magdaleno y Emilio Fernández

Fotografía:

Agustín Martínez Solares

Escenografía:

Salvador Lozano; decorados: Darío Cabañas

Vestuario:

Félix Mejía

Maquillaje:

Armando Meyer; peinados: Berta Chiu

Edición:

Gloria Schoemann; ayudante: Pedro Velázquez

Foto-fijas:

Otón Argumedo

Sonido:

James L. Fields; grabación: José B. Carles (diálogo) y Galdino Samperio (regrabación); edición sincrónica: Antonio Bustos; efectos especiales: Jorge Benavides

Música:

Manuel Esperón; canciones: "El jinete", "Ojos tapatíos", "Las mañanitas", "Ahí nomás", "Fuí queriéndote", "La parranda" y "Jarabe tapatío"

Jefe de Repartos: Manuel de Anda

Reparto:

Jorge Negrete

....

Ricardo Alfaro

María Félix

....

Aurora Campos y Campos

Andrés Soler

....

don Cástulo

José Elías Moreno

....

don Constancio

Rodolfo Landa

....

Prudencio

José Ángel Espinosa "Ferrusquilla"

....

don Cándido

Beatriz Ramos

....

Perfecta

Emma Roldán

....

esposa de Constancio

Antonio Bribiesca

....

guitarrista

Manuel Noriega

 

 

Rogelio Fernández

 

 

Jaime Fernández

 

 

Agustín Fernández

 

 

Lety Valencia

 

 

Sinopsis:
En el pueblo de Santiago de Alfaro, una noticia periodística da por muerto al ranchero Ricardo. Prendados de su belleza -y tras recibir un pago de doce mil pesos- las autoridades del pueblo permiten que la bella Aurora Campos pase a ocupar la residencia del desaparecido. La noticia resulta ser falsa y Ricardo trata de reinstalarse en su propiedad, lo que desencadena una batalla campal entre el ranchero y la bella posesionaria.

Comentario:
Para Emilio García Riera, detrás de las cómicas situaciones que Emilio Fernández presentaba en El rapto se escondía el temor del cineasta a perder su hogar y su puesto en el cine mexicano:

El rapto expresó el miedo del Indio a perder su casa, en el plano real, y su puesto en el cine mexicano en el simbólico. Y quizá Fausto Carrillo tuvo razón, en el texto transcrito al comienzo de esta noticia de El rapto, al señalar lo que su casa -“su fortaleza”- representó para El Indio: el fin de la aventura y el comienzo de la aprensión propietaria. El Indio perdería su puesto en el cine mexicano, si es que no lo había perdido ya al hacer El rapto (la crítica elogiaba ya más que a él a Roberto Gavaldón, y la extranjera más culta a Luis Buñuel); en cambio, conservaría su casa hasta la muerte.
García Riera, E. (1987). Emilio Fernández <1904-1986>. Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara, p. 221.

La anterior apreciación se sustenta en la inusitada selección que el realizador hizo de su propia casa como escenario principal del rodaje de esta comedia ranchera. Fernández había dedicado mucho tiempo, dinero y esfuerzo a construir y mantener la mansión de la calle Dulce Olivia en Coyoacán, un edificio hecho a su medida, imagen y semejanza, con amplios espacios, obras de arte y sus iniciales grabadas por todas partes. Perderla -como la pierde Ricardo Alfaro en El rapto- hubiera sido un golpe muy duro para el realizador.

El rapto reunió en la pantalla, por tercera y última vez, a la popular pareja integrada por María Félix y Jorge Negrete. Desde su tormentoso primer encuentro en el set de El peñón de las Ánimas (1942), la Doña y el “charro cantor” no habían vuelto a trabajar juntos. Sus caminos se cruzaron de nuevo en 1952 cuando, en un acto tan intempestivo como publicitado, ambas estrellas contrajeron matrimonio y escandalizaron al país entero que conocía su legendaria enemistad y que había sido testigo de la prolongada relación entre Negrete y la actriz Gloria Marín. Aprovechando las circunstancias alrededor del romance, el escritor Julio Alejandro redactó una historia que Fernández incluyó en la trama de Reportaje (1953), cinta realizada con el objetivo de recaudar fondos para los Periodistas Cinematográficos de México. En ella, la pareja representaba a dos estrellas de cine que se peleaban, reconciliaban y enamoraban tal como había sucedido en la vida real.

Reportaje demostró que, once años después de El peñón de las Ánimas, la “química” entre Negrete y la Félix había mejorado muchísimo por lo que parecía lógico aprovechar la popularidad y los temperamentos de ambas estrellas en una nueva película. Nadie se imaginaba que, durante los preparativos para el rodaje de El rapto, una antigua dolencia hepática haría estragos en el organismo de Jorge Negrete y que al “charro cantor” le quedaban muy pocos meses de vida.

Con situaciones y diálogos que recuerdan más que casuamente a Enamorada (1946), la película fue calificada como:

[...] agradable, convencional y artificiosa, pero [que] cumple con su cometido y permite que el público se entretenga y goce con un relato sencillo.
Ariel, en García Riera, E. (1987). Emilio Fernández <1904-1986>. Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara, p. 218.

El “Indio” salió bien librado del compromiso al realizar una comedia sencilla y sin pretensiones, en la que vale la pena admirar, además de la casa del realizador, el trabajo fotográfico de Martínez Solares.

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