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Una producción de: |
Televicine, S. A. de C. V. |
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Género: |
Drama urbano |
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Duración: |
97 min. |
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Sonido: |
Estéreo |
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Dirección: | |
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Producción: |
Gabriela Obregón |
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Guión: |
Carlos Carrera, Ignacio Ortiz y Silvia Pasternac, sobre una historia de Paula Marcovich |
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Fotografía: |
Xavier Pérez Grobert |
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Dirección de Arte: |
Gloria Carrasco |
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Edición: |
Sigfrido Barjau |
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Sonido: |
Salvador de la Fuente |
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Música: |
Juan Cristóbal Pérez Grobert |
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Fernando Torre Lapham |
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don Andrés |
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Mariana | |
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Luisa Huertas |
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Teresita |
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Luis Felipe | |
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Guillermo Gil |
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Mario |
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Gina Morett |
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Beti |
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Marco Bacuzzi |
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amigo |
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médico forense |
Comentario:
En su tercer largometraje, el director Carlos Carrera abandona la
tranquilidad campirana de La mujer de
Benjamín (1991) para contarnos una historia de la gran
ciudad. El protagonista es don Andrés, un viejo trabajador de
una oficina de correos que comparte con su joven y desatada vecina
Mariana la estrechez del edificio de departamentos en el que viven.
Las reclamaciones de parte de don Andrés se vuelven muy frecuentes y fastidiosas para Mariana, la cual en venganza idea una forma de calmar al viejo: Enviándole cartas de amor ficticias sin remitente, firmadas por una mujer ideal anónima.
Mariana logra su objetivo; el viejo se enamora a tal grado de su epistolar enamorada que la deja de fastidiar. Pero ella jamás imagina el grado de ilusión que su vecino ha desarrollado hacia su personaje inventado, ni tampoco el desate de sentimientos y acontecimientos que pueden llevar a ambos personajes a un futuro incierto.
Conforme se va desarrollando la trama, y a partir de los personajes introducidos en ella, como la prostituta que le da vida a la supuesta escritora de cartas, el espectador puede percibir la visión del director acerca del significado de la vida en la gran ciudad.
Don Andrés ha sido olvidado por la sociedad contemporánea. El vivir en la gran urbe no significa que se sienta viviendo en comunidad; por el contrario, su vida está llena de un sentimiento de soledad y angustia.
Las cartas que recibe el protagonista lo llenan de una esperanza y alegría tales, que lo hacen añorar nuevamente el contacto con sus semejantes, aunque éstos provengan de mundos distintos al que él vive.
En Sin remitente, Carlos Carrera nos presenta también el contraste entre dos generaciones que luchan por ser escuchadas, pero que al mismo tiempo no hacen el esfuerzo por ver las cosas desde el punto de vista de la otra.
Dos generaciones que han sido separadas, tanto por los contextos en que les tocó vivir, como por los acelerados tiempos de la ciudad más grande del mundo..

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