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Una producción de: |
Producciones Marte |
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Género: |
Drama de la revolución |
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Duración: |
85 min. |
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Sonido: |
Monoaural |
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Dirección: |
José Bolaños |
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Asistente de Dirección: |
Manuel Muñoz |
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Producción: |
Jorge Durán Chávez; producción asociada: Técnicos Mexicanos; supervisión de producción: Rogelio González Chávez; jefatura de producción: Alberto A. Ferrer |
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Guión: |
José Bolaños |
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Fotografía: |
Alex Phillips; operador de cámara: Hugo Velasco |
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Escenografía: |
Roberto Silva |
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Maquillaje: |
Ana Guerrero |
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Edición: |
Carlos Savage |
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Sonido: |
Nicolás de la Rosa y Galdino Samperio |
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Música: |
Raúl Lavista |
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Lázara | |
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Narciso Busquets |
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Nicolás |
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Jaime Fernández |
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Juan |
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Sonia Infante |
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Micaela |
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Isidro | |
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Víctor Manuel Mendoza |
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mayor Castro Virgen |
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Chabela Vargas |
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Ángela |
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Aurora Clavel |
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Victoria |
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Alicia del Lago |
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soldadera |
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Pancho Córdova |
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padre de Lázara |
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José Chávez Trowe |
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Fidencio |
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Mario García González |
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Sabás |
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Arturo "Bigotón" Castro |
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Primitivo |
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Hortensia Santoveña |
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madre de Lázara |
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Alberto Galán |
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viejo revolucionario |
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Judith Dupeyrón |
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niña |
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Miguel Manzano |
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Comentario:
La revolución, uno de los grandes temas del cine mexicano,
estuvo presente en las pantallas cinematográficas del
país desde sus primeros instantes. Los cineastas de la
revolución capturaron el vértigo del remolino que
"alevantó" a toda una nación y fijaron para siempre, en
la memoria colectiva de los mexicanos, los rostros de los personajes
famosos y anónimos que tomaron parte en aquel conflicto.
Los documentalistas de la revolución también contribuyeron a la construcción del imaginario fílmico sobre este evento. A diferencia de la guerra de independencia, la revolución mexicana no se recuerda únicamente por sus caudillos y batallas. El cine logró atrapar el miedo y la confusión generados por el conflicto armado y los proyectó en la pantalla de una manera brutal y descarnada. No en balde, el primer cine de ficción que presentó a la revolución mexicana como tema -las primeras cintas de Fernando de Fuentes- lo abordó desde la perspectiva íntima de los campesinos, soldados y mujeres que vivieron la revolución como un drama muy personal.
Las soldaderas iban a ser las protagonistas del segmento dedicado a la revolución mexicana de ¡Que viva México! de Sergei M. Eisenstein, pero la interrupción de su rodaje no lo permitió. Cuando Eisenstein vino a México en 1930 con la intención de filmar una película sobre este país, quedó profundamente impresionado por la historia y la cultura mexicanas, en particular por los eventos de la revolución. En "Soldadera", el cineasta soviético pretendía plasmar al México revolucionario, desde la óptica de las mujeres que participaron en la lucha. Para el director de El acorazado Potemkin, la soldadera representaba a la madre de la moderna nación mexicana, la que con sus propias manos había labrado los surcos por los que transitaría el México del siglo veinte.
Aunque Eisenstein alcanzó a filmar una gran cantidad de material antes de agotar los recursos financieros con los que contaba, "Soldadera" fue el único episodio del cual no filmó casi nada. No sería sino hasta una década más tarde cuando las soldaderas protagonizarían algunos de los filmes con tema revolucionario.
El personaje de la soldadera no ha estado exento de estereotipos. En su afán por exaltar el valor extraordinario de estas mujeres, los cineastas mexicanos terminaron, muchas veces, por inventarlas. María Félix caracterizó a la soldadera como una mujer hombruna, capaz de dirigir ejércitos con sólo arquear una ceja, aunque dócil ante el dominio de su hombre. La cineasta Matilde Landeta intentó, aunque con poca fortuna, mostrar una visión más compleja de estos personajes en La negra Angustias (1949). En otras ocasiones, la soldadera fue presentada como una variante de la mujer abnegada, siempre detrás de su hombre y dispuesta al sacrificio sin esperar nada a cambio.
A partir de su experiencia como argumentista y productor ejecutivo de La Cucaracha (1958) de Ismael Rodríguez -película en la que la soldadera era la figura protagónica- José Bolaños decidió retomar a este personaje en el filme que marcaría su debut como director. Aunque en más de una ocasión negó que su película estuviese basada en el episodio no filmado de la cinta de Eisenstein, las conexiones entre La soldadera y el proyecto del director soviético son evidentes y en nada se parecen a lo escrito por Bolaños para La Cucaracha.
En palabras de su director, La soldadera no es una epopeya, sino una cinta intimista:
La guerra desintegra todas las relaciones, los lazos familiares, la casa... todo. En el último de los casos quien representa la unidad familiar, es la mujer. A ellas no les importan las guerras, para ellas eso es simplemente el caos [...] Bolaños, J. en García Riera, E. (1994). Historia documental del cine mexicano 13: 1966-1967. Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara, p. 19.

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