|
|
|
|
| |
|
| |
![]() |

|
Una producción de: |
Cinematográfica ABSA |
|
Género: |
Horror |
|
Duración: |
83 min. |
|
Sonido: |
Monoaural |
|
Dirección: | |
|
Asistente de Dirección: |
Américo Fernández |
|
Producción: |
Abel Salazar; gerente de producción: Fernando Méndez, Jr.; jefe de producción: Antonio Guerrero Tello |
|
Guión: |
Ramón Obón |
|
Fotografía: |
Rosalío Solano; operador de cámara: Hugo Velasco |
|
Escenografía: |
Gunther Gerszo |
|
Maquillaje: |
Elda Loza |
|
Edición: |
José W. Bustos |
|
Sonido: |
Rafael Ruiz Esparza y Enrique Rodríguez |
|
Música: |
Gustavo César Carrión |
|
Abel Salazar |
.... |
Enrique |
|
Ariadne Welter |
.... |
Marta González |
|
.... |
Eloísa | |
|
José Luis Jiménez |
.... |
don Emilio |
|
Germán Robles |
.... |
conde Karol de Lavud o Duval el vampiro |
|
Mercedes Soler |
.... |
María, sirvienta |
|
Alicia Montoya |
.... |
María Teresa |
|
José Chávez Trowe |
.... |
Anselmo |
|
Julio Daneri |
.... |
sirviente de Duval |
|
Amado Zumaya |
.... |
sirviente de Duval |
|
Guillermo Álvarez Bianchi |
.... |
administrador de la estación del tren |
|
Margarito Luna |
|
|
Comentario:
El género de horror ha tenido una historia dispareja en el
cine mexicano. Prácticamente inexistente durante la etapa muda
-la única cinta silente de horror que se conoce es Don Juan
Manuel (1919)- el cine de terror en español hizo su
primera aparición con la versión "hispana" de
Drácula (1931) filmada en Hollywood con actores
latinoamericanos, en los mismos sets y con el mismo equipo de
producción de la famosa cinta de Tod Browning.
Dos monjes (1934) de Juan Bustillo Oro y El fantasma del convento (1934) de Fernando de Fuentes representan las únicas manifestaciones memorables del cine fantástico durante los primeros años del cine sonoro mexicano. Aunque sólo la segunda pertenece, en sentido estricto, al género de horror, ambas cintas denotan una evidente influencia del cine expresionista alemán y del cine de horror que en aquellos años era la marca de fábrica de la Universal Pictures, productora de la mencionada Drácula (1931) y de Frankenstein (1931), entre otras cintas memorables de este género.
El horror mexicano tuvo que esperar dos décadas para hacer su aparición. En 1956, el prolífico y versátil director Fernando Méndez incursionó en el género con la inquietante Ladrón de cadáveres (1956), cinta en la que se mezclan por primera vez dos elementos característicos del horror mexicano: los luchadores y los monstruos. Su segunda incursión, El vampiro se convertiría en la mejor película de horror hecha en México y en uno de los filmes de culto más populares de nuestro cine en otros países.
Desde el Drácula hispano, los vampiros no hacían su aparición en las pantallas hablando español. En El vampiro, Fernando Méndez no sólo toma abiertamente al personaje de Bram Stoker y lo ubica adecuadamente en el contexto mexicano, sino que además se anticipa -al menos un año antes- a la sensual versión del conde que haría el británico Christopher Lee en los filmes de la productora Hammond.
Dueño de una amplia cultura cinematográfica -sus colegas lo apodaban "Cecil B. de Méndez" en alusión al famoso director hollywoodense Cecil B. DeMille- Fernando Méndez demuestra en El vampiro un dominio espléndido del cine de géneros, algo poco común entre los directores mexicanos de su tiempo. Exceptuando a un Abel Salazar completamente fuera de papel, el resto de los actores imprimen a sus personajes una veracidad difícil de lograr en un filme que, mal dirigido o interpretado, podría haberse convertido en una comedia involuntaria.
El éxito obtenido por El vampiro en su estreno animó a su director a dirigir la secuela, El ataúd del vampiro (1957). Ambas cintas integran hoy en día uno de los dípticos más singulares y famosos de nuestra cinematografía.

![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
|
|
nuestro cine |
del cine mexicano |
cine mexicano |