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Una producción de: |
Producciones Calderón |
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Género: |
Melodrama de cabaret |
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Duración: |
85 min. |
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Sonido: |
Monoaural |
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Dirección: |
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Asistente de Dirección: |
Alfonso Corona Blake; anotador: Pedro López |
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Producción: |
Pedro A. Calderón y Guillermo Calderón; gerente de producción: César Pérez Luis; jefe de producción: Enrique Hernández |
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Guión: |
Emilio Fernández, sobre un argumento original de Mauricio Magdaleno y Emilio Fernández |
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Fotografía: |
Gabriel Figueroa; operadores de cámara: Daniel López, Ignacio Romero y Pablo Ríos |
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Escenografía: |
Manuel Fontanals; decorados: Manuel Parra |
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Maquillaje: |
Ana Guerrero; peinados: Agripina Lozada |
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Edición: |
Gloria Schoemann; asistente: Pedro Velázquez |
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Sonido: |
James L. Fields; grabación de diálogos: Enrique Rodríguez; grabación de música y regrabación: Galdino Samperio; efectos especiales: Jorge Benavides |
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Música: |
Antonio Díaz Conde; canciones: "Pecadora" de Agustín Lara, "La Cocaleca", "Changoo", "Ay José", "El trenecito", "La diana", guajira "Váyase al monte" interpretadas por la Orquesta de Dámaso Pérez Prado |
| Coreografía: | Jorge Harrison |
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Violeta |
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Tito Junco |
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Santiago |
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Rodolfo |
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Ismael Pérez "Poncianito" |
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Juanito |
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Rita Montaner |
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Rita |
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Margarita Ceballos |
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Rosa |
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Francisco Reiguera |
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don Gonzalo |
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Arturo Soto Rangel |
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director del penal |
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Lupe Carriles |
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Jorge Treviño |
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Gloria Mestre |
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Carlos Riquelme |
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Pedro Vargas |
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Toña la Negra |
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Los Ángeles del Infierno |
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Estela Matute |
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Enriqueta Reza |
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Ángela Rodríguez |
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Aurora Ruiz |
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Hilda Vera |
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Acela Vidaurri |
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Elena Luquín |
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Chimi Monterrey |
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Orquesta Aragón |
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| Pérez Prado y su Orquesta |
Sinopsis:
Violeta, una cabaretera, recoge de la basura al bebé
de su compañera Rosa, que ha sido obligada a tirarlo allí por
su explotador, Rodolfo. Violeta cría al niño y ambos son protegidos
por Santiago, dueño de un cabaret, quien se enamora de ella. La tragedia
se desencadena cuando Rodolfo asesina a Santiago y Violeta, a su vez, mata al
explotador.
Comentario:
A partir de 1949, el trabajo de Emilio Fernández tras la cámara
se incrementó notablemente. A La malquerida
(1949), cinta en la que logró reunir nuevamente al equipo con el
que hizo historia en Films Mundiales, le siguieron Duelo
en las montañas (1949), melodrama revolucionario con Rita
Macedo y Fernando Fernández y la versión en inglés
de Enamorada (1946) -titulada The Torch
o Del odio nace el amor (1949)- con Paulette Goddard, estrella de Hollywood
y ex-esposa de Charles Chaplin, en el papel que dio fama a María
Félix. El ritmo de tres cintas anuales aumentó a cuatro en
1950:
Nunca había realizado Emilio Fernández tantas películas en un solo año como en 1950: cuatro en total. Esa abundancia reflejó por sí sola la de un cine en disposición de sacrificar la calidad por la cantidad, y el mismo Indio se debió a sentir forzado a tal sacrificio. García Riera, E. (1987). Emilio Fernández <1904-1986>. Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara, p. 184.
Tres de las cuatro cintas eran además vehículos para el lucimiento
de sus protagonistas, situación que el Indio no experimentaba
desde los tiempos de Flor silvestre (1943): Siempre
tuya (1950) para Jorge Negrete, Islas Marías (1950) para Pedro
Infante, y Víctimas del pecado
para la cubana Ninón Sevilla, rutilante bailarina, estrella exclusiva
de Producciones Calderón.
El Indio no saldría tan bien librado de este agotador ritmo
de filmaciones. De las siete películas que realizó en aquel par
de años, cuatro fueron fracasos rotundos, La malquerida tuvo un
éxito más bien moderado, Islas Marías fue un fracaso
comparada con otras cintas que Infante filmó en el mismo año y
sólo Víctimas
del pecado obtuvo buenos resultados en taquilla. Con el paso del
tiempo, la apreciación de los críticos hacia la obra realizada
por el Indio durante aquellos años coincidiría con
la del público de la época: Víctimas
del pecado sería la única cinta rescatable del conjunto.
Sin imaginar que estaban a un paso de obtener fama internacional con la serie
de películas de cabaret interpretadas por Sevilla, los hermanos Calderón
confiaron a Emilio Fernández la realización de este melodrama
musical que resultaría ser más intenso y exacerbado que Salón
México (1948), la anterior incursión del Indio
por los ambientes cabaretiles de la capital mexicana.
Al igual que en Salón México, el Indio demuestra
en Víctimas del pecado un gozo muy
particular al dirigir las escenas que tienen lugar en el cabaret. Asimismo,
el realizador no esconde su afición a la moraleja edificante, ni puede
evitar algunos momentos de involuntaria comicidad, como aquel en el que el pachuco
Rodolfo Acosta demuestra su habilidad para hablar más de un idioma mientras
le enseña como caminar con estilo a una cabaretera francesa.
A pesar de sus notables deficiencias, Víctimas
del pecado ha logrado mantenerse vigente en la filmografía
del Indio Fernández y el paso del tiempo no la ha tratado
tan mal. La fotografía de Figueroa sigue viéndose espléndida
y, como representativa de la filmografía de Ninón Sevilla, es
importante señalar que la cinta obtuvo un éxito inusitado en Francia
y Bélgica, en donde fue conocida como Quartier interdit (Barrio prohibido).

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